8/19/2020

Raúl Henao: El Poeta Surrealista en Vigor!

 

Inéditos de Raúl Henao

 

Descripción: raul-henao


Del reconocido poeta Raúl Henao, nacido en Cali y afincado en Antioquia, autor de una decena de libros, publicamos tres textos inéditos donde como siempre fulgura su aliento surrealista y el poder de su escritura cromática.

 

EL SECRETO

 

Me ha sido revelado en un palpitar del corazón o la brevedad de un parpadeo el secreto que rige el mundo  y permite cambiar  el reinado  tiránico del Rey de Hojalata en una nueva Edad Dorada, libre del temor al hambre y la guerra, la vejez o la muerte. Pero cuando quiero comunicarlo a mis contemporáneos, comprendo que la esencia del secreto es permanecer indescifrado y que aun si intento compartirlo con ellos, resulta ajeno a sus sentidos indiferentes a cuanto no les dictamina el oscuro poder del tiempo, cuyo reloj de arena pongo al revés, al llegar la noche el año que termina.

 

***

LA MONJA

 

“Pon la mesa en la que se sienta el amor”

Remy de Gourmont.

 

Se arruma alrededor el hojarascal de las horas pasadas cuando el año nuevo comienza a dibujarse en la neblina matutina, apoyando su nariz agripada en las vitrinas callejeras. No bien conseguimos reunir las flores en el altar de una misa de difuntos por el tiempo vivido y ya nos visita de nuevo el recuerdo molesto de la felicidad perdida en los correvediles de algún encuentro suburbano… y sólo porque se interpuso a su paso el regusto por las estampas de santos y las tarjetas de visita chapadas a la antigua. Ahora en lo desasosegado e incierto de los amores crepusculares y tardíos, es la soledad, que el hábito viste de monja, la que nos acompaña sentada a la mesa del refectorio que, al fondo del conventillo, enciende nuevamente su chimenea ojerosa a la hora de la cena.

 

***

 

EL MAR VOLUPTUOSO

 

El horizonte se prolonga en la distancia canicular y polvorienta

de la bahía, que a vuelo de pájaro semeja el costillar

de una res muerta.

 

Es el país de la tórtola y el murciélago donde el día y la noche

se confunden en las habitaciones desnudas de los hoteles

o en los charcos de lluvia que las tardes dejan a su paso en la playa.

 

El mar recupera luego esa gargantilla de perlas abandonada

a lo largo de la costa como un cuello nacarado de mujer

al que, poco a poco, cubre la marea de sus besos.

 Raúl Henao: Poeta y ensayista colombiano, nacido en Cali, 1944. Ha vivido en EE.UU. Venezuela y México. Escribe, básicamente, en periódicos y revistas que a través del mundo moderno mantienen vigente el legado poético y libertario del movimiento surrealista.

Entre sus libros publicados figuran: La parte del león (Monte Avila Editores, Caracas, 1978) Sol negro (Medellín, 1985) El partido del diablo /Poesía & Crítica (Medellín, 1989) El virrey de los espejos y otras prosas poéticas (Medellín, 1996). La vida a la carta / Life a la carte (Antología Bilingüe- Medellín.1998). La doble estrella: El surrealismo en iberoamérica (Ensayos, editorial Endymión. Medellín, 2008). Haikus Selectos / Selected Haikus (Ediciones Montaña de Silencio. Medellín, 2010) Poemas de Amor-Rosa ( Montréal, Canadá, 2012). La verdad en el vino (Ediciones Caro y Cuervo, Bogotá. 2012). Una alberca en la luna (Medellín, 2014). Su obra poética ha sido traducida parcialmente al inglés, francés, portugués, alemán y holandés.

Tomado del semanario de poesía virtual " Confabulación ". 

2/24/2020

Escritores/Artistas:TODOS INVITADOS!

MECA / Escritores y Artistas de Medellin, es uno de los espacios de difusión de la corporación y el taller de poesía del mismo nombre que funciona en el Palacio de la Cultura Rafael Uribe, Uribe., todos los jueves de 6 a 8 PM. privilegiamos la creatividad en las diferentes artes y solo con moderación la publicación de noticias y de eventos relacionados con el arte y la Cultura, dejando de lado en lo posible lo relacionado con la farándula, el prête-a porter y el mundo de la moda en general
.
TEMA DEL TALLER:

FUENTES ENTRE ORIENTE Y  OCCIDENTE. 
GRANDES INTERPRETES DE LAS DOS CULTURAS CIVILIZADORAS.

 





8/14/2019

Cioran -El parásito de los poetas

Emil Cioran - El parásito de los poetas

I. No puede haber desenlace para la vida de un poeta. Todo lo que no ha emprendido, todos los instantes alimentados con lo inaccesible, le dan su poder. ¿Experimenta el inconveniente de existir? Entonces su facultad de expresión se reafirma, su aliento se dilata.
Una biografía solo es legítima si hace evidente la elasticidad de un destino, la suma de variantes que comporta. Pero el poeta sigue una línea de fatalidad cuyo rigor nada flexibiliza. La vida les toca en suerte a los filisteos; y para suplir lo que no han tenido se han inventado las biografías de los poetas...
La poesía expresa la esencia de lo que no podríamos poseer; su significación última: la imposibilidad de toda "actualidad". La alegría no es un sentimiento poético. (Proviene, sin embargo, de un sector del universo lírico donde el azar reúne, en un mismo haz, las llamas y las estupideces.) ¿Se ha visto alguna vez un canto de esperanza que no inspirase una sensación de malestar, incluso de repulsión? Y ¿cómo cantar una presencia cuando incluso lo posible está manchado por una sombra de vulgaridad? Entre la poesía y la esperanza, la incompatibilidad es completa; de este modo el poeta es víctima de una ardiente descomposición. ¿Quién se atrevería a preguntarle como ha experimentado la vida, cuando ha vivido gracias a la muerte? Cuando sucumbe a la tentación, pertenece a la comedia... Pero si, por el contrario, de sus llagas brotan llamaradas, y canta a la felicidad - esa incandescencia voluptuosa de la desdicha - se sustrae al matiz de vulgaridad inherente a todo acento positivo. Es Hölderlin refugiándose en una Grecia soñada y transfigurando el amor en embriagueces más puras, en las de la irrealidad...
El poeta sería un tránsfuga odioso de la realidad si en su huida no llevase consigo su desdicha. Al contrario del místico o el sabio, no sabría escapar a sí mismo ni evadirse del centro de su propia obsesión: incluso sus éxtasis son incurables, y signos premonitorios de desastres. Inepto para salvarse, para él todo es posible, salvo su vida...

II. En esto reconozco a un verdadero poeta: frecuentándole, viviendo largo tiempo en la intimidad de su obra, algo se modifica en mí: no tanto mis inclinaciones o mis gustos como mi propia sangre, como si una dolencia sutil se hubiera introducido en ella para alterar su curso, su espesor, su calidad. Valéry o Stefan George nos dejan allí donde les abordamos, o nos vuelven más exigentes en el plano formal del espíritu: son genios de los que no sentimos necesidad, solo son artistas. Pero un Shelley, pero un Baudelaire, pero un Rilke intervienen en lo más profundo de nuestro organismo, que se los apropia como lo haría con su vicio. En su proximidad, un cuerpo se fortifica, y luego se ablanda y se desagrega. Pues el poeta es un agente de destrucción, un virus, una enfermedad disfrazada y el peligro más grave, aunque maravillosamente impreciso, para nuestros glóbulos rojos. ¿Vivir en su territorio? Es sentir adelgazarse la sangre, es soñar un paraíso de la anemia, y oír, en las venas, el fluir de las lágrimas...

III. Mientras que el verso lo permite todo, y en él podéis verter lagrimas, vergüenzas, éxtasis y sobre todo quejas, la prosa os prohíbe expansionaros o lamentaros: repugna a su abstracción convencional. Exige otras verdades controlables, deducidas, mesuradas. Pero, ¿y si se robasen las de la poesía, si se saquease su tema, y si uno se atreviese a tanto como los poetas? ¿Por qué no insinuar en el discurso nuestras indecencias, nuestras humillaciones, nuestras muecas y nuestros suspiros? ¿Por qué no estar descompuesto, podrido, ser cadáver, ángel o Satán en el lenguaje de lo vulgar, y traicionar patéticamente tantos aéreos y siniestros vuelos? Mucho mejor que en la escuela de los filósofos, es en la de los poetas en la que se aprende el valor de la inteligencia y la audacia de ser uno mismo. Sus "afirmaciones" hacen palidecer los apotegmas más extrañamente impertinentes de los antiguos sofistas. Nadie las adopta: ¿hubo jamás un solo pensador que fuese tan lejos como Baudelaire o que se atreviese a transformar en sistema una fulguración de Lear o un monologo de Hamlet? Quizá Nietzsche antes de su fin, pero, ay, se obstinaba aún en sus estribillos de profeta... Buscaremos del lado de los santos? Ciertos frenesíes de Teresa de Ávila o Ángeles de Foligno... Pero se encuentra demasiado a menudo a Dios, ese sinsentido consolador que, apuntando su valor disminuye su calidad. Pasearse sin convicciones y solo no es propio de un hombre, ni siquiera de un santo; a veces, sin embargo, lo es de un poeta...

Imagino a un pensador exclamando en un movimiento de orgullo: "Me gustaría que un poeta se fabricase un destino con mis pensamientos!". Pero para que su aspiración fuese legítima, haría falta que él mismo frecuentase largo tiempo a los poetas, que sacase de ellos delicias de maldición, y que les devolviese, abstracta y acabada, la imagen de sus propias caídas o de sus propios delirios; haría falta sobretodo que sucumbiese en el umbral del canto, e, himno vivo más allá de la inspiración, que conociese el pesar de no ser poeta, de no estar iniciado en la "ciencia de las lágrimas", en los azotes del corazón, en las orgías formales, en las inmortalidades del instante...
...Muchas veces he soñado con un monstruo melancólico y erudito, versado en todos los idiomas, íntimo de todos los versos y de todas las almas, y que errase por el mundo para nutrirse de venenos, de fervores, de éxtasis, a través de las Persias, las Chinas, las Indias muertas, y las Europas moribundas, muchas veces he soñado con un amigo de los poetas que los hubiese conocido a todos por desesperación de no ser de los suyos.

(En Breviario de podredumbre)

Tagore y el espíritu oriental en la poesía

Por

 
Por poco fundamentada que parezca la idea del paralelismo entre la vida humana  individual y la colectiva, se ha de reconocer que son muchos quienes recurrieron a ella para pensar la manifestación histórica del espíritu a través de distintos pueblos y que, con semejante explicación, llegaron a conclusiones satisfactorias. Para Hegel, por ejemplo, el mundo oriental corresponde a la infancia, cuyo punto de inicio se encuentra en la China imperial, cuando la subjetividad abstracta, fundida aún con el objeto de deseo, se muestra como capricho o ferocidad y, apegándose todavía a la cosa, conoce por intuición. En el caso de la India, esa determinación inmediata de lo externo se vuelve interior y entonces la realidad se idealiza gracias a la imaginación. En verdad, la exaltación de lo imaginado constituye una forma de negar el mundo, de modo que lo que antes era la unidad originaria se aparece aquí como un “dios en el vértigo de su ensueño”. Y esto significa que el espíritu figura un panteísmo en el que las entidades finitas de la naturaleza son sacralizadas, pero no el sujeto, cuyos productos se revelan como simples quimeras. De ahí que el yo termine por sacrificarse en el Nirvana ante el principio único, lo divino, que –rigurosamente considerado- es la nada misma. Desde la perspectiva universal, semejante “delirio del espíritu ilimitado” constituye un paso necesario en el proceso de diferenciación. Su manifestación estética se da originariamente en la poesía, ya que es el género literario que recoge más fielmente esa subjetividad que resultaría tan difícil de plasmar en otras artes. No hay duda de que, precisamente, eso fue lo que sucedió en la India. Los primeros textos, los Vedas, consistían en formas poéticas religiosas, que, con el correr del tiempo, se espiritualizaron, por ejemplo, en las Upanishads o en el Mahabhárata, especialmente el Bhagavad Gita, para derivar en una mística, sostenida por la idea de que el Señor del Universo se manifiesta una y otra vez en forma humana sobre este planeta, transmigrando de cuerpo en cuerpo con el propósito de liberar a sus devotos de las miserias del mundo ilusorio de los sentidos y desvincularlos de las limitaciones del ego, basadas en experiencias externas, meramente materiales. Como dice Hegel, esta poesía, que había alcanzado la perfección interior más acabada, permaneció encerrada en su ensimismamiento espiritual, “estacionaria e inmóvil”, como si se tratase de un ideal insuperable. Pero también quedó aislada porque casi no se tradujo a otras lenguas. La consecuencia es que en Occidente hoy desconocemos la lírica posterior a aquellos textos milenarios. 





Tagore y Victoria Ocamp.jpg


La excepción se encuentra, por supuesto, en la poesía del bengalí Rabindranath Tagore, quien consiguió salir del aislamiento gracias a su bilingüismo y a la concesión del premio Nobel en 1913. Ingresó en el ámbito hispanohablante mediante las talentosas versiones de sus libros, vertidos libremente del inglés al español por Zenobia Camprubí y Juan Ramón Jiménez. Es más, durante el trabajo conjunto iniciado con La luna nueva y El jardinero, la pareja se enamoró. Igual que Paolo y Francesca –los amantes condenados en el infierno dantesco–, la poesía creó entre ellos un lazo erótico fundado en una verdadera intimidad espiritual. Desde luego, esto da la medida del poder del poeta para despertar la sensibilidad y transmitir el vínculo de amor que reúne a todo lo existente, con el cual logrará también inspirar la lírica posterior de Juan Ramón. El episodio podría describirse certeramente con las palabras del propio Tagore en La cosecha: 
Cuando tú vivías solo, no te conocías. Ninguna llamada, ningún mensaje llevaba el viento de una a otra orilla. Vine yo, y te despertaste, y los cielos florecieron con su luz.
Con larga barba blanca, ampulosa vestimenta, porte altivo y modales aristocráticos, heredados de una familia principesca, Tagore parecía inabordable a pesar de su dulzura y mansedumbre. A primera vista, la mirada convencional de Occidente lo percibía como un pasivo místico oriental, pero fue un activista polifacético: filósofo, reformador social, músico y prolífico escritor en distintos géneros: unos mil poemas, más de dos mil canciones, multitud de cuentos, novelas, cartas, obras de teatro y ensayos. Dedicado finalmente a la pintura y la pedagogía, fundó con sus propios medios económicos el centro educativo experimental de Santiniketan, una “morada de paz” y meditación, que terminó por convertirse en Universidad. También instituyó una organización cultural de protección a la mujer, desde donde combatió ciertas costumbres atávicas de la India, como los matrimonios infantiles, la condena de las viudas al ostracismo o a la quema y la intocabilidad de la casta inferior. Por otra parte, su actitud silenciosa y reposada no le impidió recorrermedio mundo derrochando su palabra y su magnetismo personal. Y así, logró la incorporación definitiva a la cultura hispana gracias al interés que despertó en Victoria Ocampo, la literata argentina que, transcurrido el tiempo, crearía la influyente revista Sur. Fue cuando Tagore llegó a Buenos Aires de paso hacia Perú, se encontró enfermo y no pudo continuar el viaje. Ella, que conocía su poemario Gitanjali y había intentado difundirlo, lo cobijó durante dos meses en Miralrío, la quinta de su prima, no muy lejos de la villa familiar de San Isidro. A pesar de su notable diferencia de edad –casi treinta años mediaban entre ellos– tuvieron una profunda y duradera relación afectiva, reflejada en la amplia obra escrita por ambos. Después del encuentro, Tagore publicó Purabi (“el Este en género femenino”), un libro sobre el amor, donde aparecen varios poemas dedicados a Victoria:

Parece que una vez ella fue mi estrella de la mañana,
que estaba detrás de la niebla de mi atardecer de hoy.
Navegó sin ser vista a través de las densas horas del día
para encontrarme al borde de la noche.
En la mañana sus canciones conmovieron mi sangre
con la atracción del camino.
En la tarde su silencio me habla
de lo que no conozco…

Cartero Tagore ALianza.jpg 

La proyección internacional le llegó a Tagore después de alcanzar la fama en su propio país, donde era admirado como un líder intelectual, a quien Mahatma Gandhi llamó “el gran centinela de la India”. Su contacto con el exterior se produjo al realizar estudios en Inglaterra y le sirvió para descubrir el desprecio del colonialismo ante su cultura, considerada salvaje y primitiva. Esto lo llevó a cuestionar la idea de civilización procedente de una Europa en la que el capitalismo industrial campaba a sus anchas y contrastar la espiritualidad de la India con el materialismo occidental. A resultas de aquel encontronazo, durante su primera etapa literaria el poeta se esforzó por rescatar y enaltecer las costumbres así como los valores artísticos, filosóficos o religiosos de su pueblo, destacando sus aportaciones a la historia mundial en una línea crítica que tiene puntos en común con la recuperación de España realizada por la Generación del 98. De hecho, Tagore dio impulso a un movimiento cultural de finales del siglo XIX conocido hoy con el nombre de “Renacimiento hindú”. No obstante, pronto se distanció del nacionalismo indio porque implicaba “la construcción de una nación según el modelo europeo”. El Estado Nación era para él “una maquinaria de comercio y de política que produce fardos de humanidad pulcramente comprimidos” y, por eso, trató de superar dicha parcelación de la espiritualidad colectiva –similar a la del ego en el plano individual-, adhiriendo a un cosmopolitismo “asiático”, es decir, contrario al materialismo. Paradójicamente, fueron dos países de su propio continente (China y Japón) los que se opusieron con mayor beligerancia a tales ideas. Es cierto que, a pesar de semejantes convicciones, aceptó el premio Nobel y el título de caballero del imperio británico, si bien, tras la masacre de Jallianwala Bagh, devolvió la última condecoración en señal de protesta. En cambio, compartió con Gandhi la llamada a la no violencia sin llegar a embarcarse en el proceso independentista, porque -según dijo- “no hay más que una historia: la del hombre, y todas las historias nacionales no son sino capítulos de la mayor”. En contra de su declaración o quizás incluso a favor de ella, dos de sus canciones se convirtieron en los himnos nacionales de Bangladesh e India.
La rehabilitación de las tradiciones vernáculas no le impidió crear formas literarias y estilos musicales originales hasta inducir una auténtica renovación. Hoy se recuerdan sus peculiares composiciones como clásicos dentro de la música bengalí y el estilo inventado por él se denomina “Rabindra” en su honor. El trasfondo de su poesía, en cambio, enraíza en el hinduismo de sus ancestros, cribado con una auténtica veneración por la naturaleza y la recuperación de la cotidianidad campesina. Sin duda, el tema central de su obra se encuentra en el amor, porque –para Tagore– éste “es el significado ultimado de todo lo que nos rodea; no, un simple sentimiento, sino la verdad, la alegría que está en el origen de toda creación”. Se trata de un amor sencillo y generoso, exento de dobleces o exigencias, centrado en la pura actualidad de la acción que se goza a sí misma y lo inunda todo impulsando cualquier acto creador:
No hay misterio en este amor más allá del presente
ni anhelo de alcanzar lo imposible
ni sombras tras el encanto
ni hay búsquedas en el abismo en la penumbra.
Este amor entre tú y yo
es tan simple como una canción.
Las palabras no nos sumen en el silencio eterno,
no elevamos las manos al vacío por cosas
que están más allá de la esperanza.
Únicamente dar y recibir…
Hemos estrujado la alegría al máximo
para extraerle el vino del dolor…
Este amor entre tú y yo
es tan simple como una canción.
Un amor, construido desde la humildad de quien trasciende su propio yo para admitir al otro de corazón, con sus virtudes y sus defectos, sin juzgar ni intentar cambiarlo, dejándolo ser tal como es. De ahí que no busque impresionar ni apabullar y privilegie las virtudes del silencio, la contemplación, la escucha, el acogimiento e, incluso, la timidez, en una erótica sublimada, donde lo espiritual se vivencia en continuidad con lo corporal:
No guardes sólo para ti el secreto de tu corazón,
amiga mía, dímelo, sólo a mí, en secreto.
Susúrrame tu secreto, tú que tienes unas sonrisa tan dulce;
mis oídos no lo oirán, sólo mi corazón.
La noche es profunda, la casa está silenciosa,
los nidos de los pájaros están envueltos por el sueño.
A través de tus lágrimas vacilantes,
a través de tus temerosas sonrisa,
a través de tu dulce vergüenza y tu tristeza,
dime el secreto de tu corazón.
Debido a su falta de imposiciones, este amor gratuito, que relativiza y consiente, permite descubrir el lugar cósmico de cada uno, resultando liberador:
El hombre en su esencia no debe ser esclavo, ni de sí mismo, ni de los otros, sino un amante. Su único fin está en el amor.
Por eso, sólo puede darse en situación de paridad, entre seres igualmente libres:
Tienen sed de amor, pero no pueden volar ala con ala.
Se miran a través de los barrotes de la jaula, pero su deseo es inútil.
Aletean y cantan: ‘Acércate más, amor mío’.
El pájaro libre grita: ‘No puedo, las puertas cerradas de tu jaula me dan
miedo’.
‘Ay, dice el cautivo, mis alas no tienen fuerza, han muerto’.

Llama eterna para Raúl Gómez Jattin
Descripción: jose_luis_diazgranados


Por José Luis Díaz-Granados*

 
Vuelvo los ojos treinta años atrás y en un relámpago de tiempo veo a Raúl Gómez Jattín muy joven — todos teníamos 20 años — con los ojos árabes, la sonrisa radiante y un bigote de espadachín, con dos o tres tratados de derecho bajo el ala.
 Era entonces actor y abogado en cierne el futuro cantor de los amaneceres del Sinú. Nos reuníamos casi a diario con Álvaro Miranda, Augusto Pinilla y Juan Gustavo Cobo Borda, entre otros, en la cafetería del Externado de Colombia en el barrio Santa Fe, a conversar de lo divino y lo humano, especialmente de Gabo, del “boom” de la novela latinoamericana, de Belle de Jour y de la belleza glacial de Catherine Denueve, del Che, de Angola y Los Beatles.
 Raúl era el primer actor del grupo de teatro del Externado y preparaba una encarnación escénica del mundo fabuloso de Macondo, bajo la dirección de Carlos José Reyes. En octubre de 1967 se abrió el telón del Teatro Colón, al que no le cabía un alma y apareció el exuberante árabe-costeño en el papel de Aureliano Buendía junto a Tania Mendoza como la Mamá Grande, César Amaya como Aurelio Escovar, dentista sin título y Rafael Araújo Gámez como el alcalde del pueblo. Al final fue la apoteosis: Gabo floreció en un palco aplaudiendo entre tímido y entusiasmado.
 En la casa de los padres de Carlos José Reyes festejamos hasta el amanecer. El centro de atención se lo disputaban el fabulista de Macondo y Raúl, siempre feliz, con el atuendo de los hombres libres.
 Los años siguientes los dedicó Gómez Jattin a exorcizar su febril sensibilidad a través de la palabra. Embriagado de luces y hechizos escribió versos duros, sencillos, soberbios. Caminó por la vida dejando huellas de fuego. En algún momento se sintió expulsado del Paraíso y fue al mismo tiempo Nerval, “Lelián” y Artaud. Amó su Caribe fluvial y marítimo hasta el flagelo. De ello son testigos de excepción Carlos Villalba Bustillo y Edgar Rey Sinning.
 Delirante, incisivo, tierno, pirómano, nudista, escribió varios libros que lo consagraron en vida: Poesía, Retratos,Tríptico cereteano. En uno de ellos, dijo:
 
Los habitantes de la aldea / dicen que soy un hombre / despreciable y peligroso…/ Eso ha hecho de mí / la poesía y el amor. / Señores habitantes / Tranquilos / que sólo a mí / suelo hacer daño...
 
Lo vi en La Habana hace dos años absolutamente radiante. Abrió tremendos ojos, sonrió con el alma y abrió sus alas cálidas cuando me descubrió entre el montón de viajeros que se dirigía a Bogotá. Parecía un hombre completamente nuevo. Pero no. Su enfermedad de genio era incurable, diría Javier Arias. Hace dos días seguramente se acordó de Atila Joszef y alunizó bajo las ruedas de una máquina azul. Ya antes había escrito con patético rigor:
 
En este cuerpo / en el cual la vida ya anochece / Vivo yo.


 (TODAMOR  DE CONFABULACION, REVISTA DE CIRCULACIÒN VIERTUAL. )


1/22/2019

Mujeres Poetas de la I Guerra Mundial

VERSOS RESCATADOS:

Relegadas a un segundo plano pero determinantes en esa época de conflicto, El Desvelo Ediciones reúne en Nada tan amargo seis voces poéticas de mujer que forman parte de una generación olvidada que se enfrentó al horror de la Primera Guerra Mundial con su ejemplo y sus escritos.


POR ANDRÉS SEOANE | 

May Wedderburn Cannan (tercera por la derecha) junto a varias compañeras enfermeras durante la Primera Guerra Mundial



Pero nunca se nos ocurriría pensar que al mismo tiempo y surgidas del mismo clima y las mismas vivencias, toda una generación de mujeres dejaba constancia en su obra de todo lo que pensaba, sentía y temía. Aquellas mujeres que se quedaron mayoritariamente en segunda línea preguntándose qué sería de sus vidas y de las de sus hijos. Porque como es sabido, las mujeres desempeñaron un importante papel durante la contienda, ocupadas además de en el frente, en cubrir los vacíos puestos de trabajo dejados por los hombres, y sus vidas se vieron también irrevocablemente alteradas para siempre. Pero ¿dónde están esas voces? ¿Existieron mujeres poetas de la guerra?

A esta pregunta responde la antología Nada tan amargo (El Desvelo), que con el fin de dinamitar el evidente desinterés hacia estas autoras británicas que ha perdurado durante todo el siglo XX reúne aquí, en edición bilingüe a cargo de la traductora y antóloga Eva Gallud, los poemas escritos por seis de estas mujeres: Vera Brittain, Rose Macaulay, S. Gertrude Ford, Jessie Pope, Margaret Sackville y May Wedderburn Cannan. Sus versos, surgidos de experiencias personales, conforman un muestrario de estados de ánimo que abarcan desde la pena, la repulsión, el horror o el odio hasta el amor o la compasión. Éstas son sus voces.

Quizá la más famosa de todas estas mujeres poetas sea Vera Brittain (1893-1970). Escritora y periodista de profundas convicciones feministas y pacifistas, estudió Literatura inglesa en el Somerville College de Oxford, pero abandonó temporalmente sus estudios para trabajar como enfermera del Destacamento de Ayuda Voluntaria (VAD) durante la Primera Guerra Mundial, experiencia que le llevaría a escribir poemas como "Quizás", dedicado al soldado R.A.L., muerto a causa de sus heridas en Francia:




Quizá algún día el sol vuelva a brillar

y veré que el cielo sigue siendo azul,
y sentiré una vez más que no vivo en vano
aunque sea despojada de ti.

[...]
Pero aunque el amable Tiempo renueve ciertos gozos
el más grande de ellos no sentiré de nuevo
pues mi corazón se quebró
hace largo tiempo al perderte.

Vera Brittain en su uniforme del VAD en 1915


Su gran éxito de ventas, Testament of Youth de 1933, llevada al cine en 2014 con Alicia Vikander como protagonista, relata sus experiencias durante el conflicto y el comienzo de su evolución hacia el pacifismo, e inicia una trilogía autobiográfica que completaría con Testament of Friendship y Testament of Experience. En 1937 se unió a la Peace Pledge Union y su activismo pacifista pasó a un primer plano durante la Segunda Guerra Mundial, formando parte del Servicio Civil de Defensa.

En el mismo Destacamento de Ayuda Voluntaria sirvió también durante la guerra la poeta y novelista May Wedderburn Cannan (1893-1973), que también participó en tareas para el Servicio de Inteligencia. Tras el conflicto, trabajó durante algunos años para la Oxford University Press y fue ayudante de biblioteca en el Athenaeum Club de Londres. Cannan publicó tres volúmenes de poesía durante y después de la guerra: In War Time (1917), The Splendid Days (1919) y The House of Hope (1923), y en 1934 escribió la novela The Lonely Generation. Aunque nunca dejó de escribir mantuvo durante años un silencio editorial que rompió al final de su vida con la autobiografía Grey Ghosts and Voices (1976).

Especialmente conocidos en esos años de comienzos de siglo, fueron los versos de la poeta, escritora y periodista Jessie Pope (1868-1941), que publicó durante la Gran Guerra multitud de poemas patrióticos de motivación, que vieron la luz originalmente en The Daily Mail. En la memoria popular pervivió largos años el estribillo de "Marchando hacia Alemania":


Durante la contienda, Pope llegó a publicar tres volúmenes de poemas: Jessie Pope's War Poems (1915), More War Poems (1915) and Simple Rhymes for Stirring Times (1916) y después del conflicto, continuó escribiendo: una novela corta, libros para niños y poemas, muchos de los cuales continuaron la temática bélica reflexionando sobre la guerra y sus secuelas.

Rose Macaulay en 1925


De entre esta selección que propone Nada tan amargo, destaca a nivel literario Rose Macaulay (1889-1958), hija de G. C. Macaulay, erudito y profesor de Cambridge, llegó a estudiar en Oxford, pero pasó casi toda su infancia en Italia. Prominente escritora, poeta y ensayista, ganó varios premios literarios importantes, publicó más de 26 novelas además de numerosos ensayos, y perteneció al grupo de Bloomsbury junto a Virginia Woolf. Activa feminista desde joven, durante la Primera Guerra Mundial, Macaulay trabajó en el departamento de propaganda británico después de un tiempo como enfermera y, más tarde, en la Oficina de Guerra. Posteriormente fue nombrada Dama Comandante de la Orden del Imperio Británico (DBE) el 31 de diciembre de 1957.

En muchos de sus poemas reflexionaba sobre la dispar suerte de ambos sexos, muy crítica con el papel secundario que todavía ostentaba la mujer en una sociedad con ecos de la época victoriana. Así lo hace en el final de "Lo que muchas hermanas les dicen a sus hermanos", donde escribe:

Oh, eres tú el afortunado, allá entre sangre y mugre:
naciste bajo la buena estrella.
Todo lo que soñamos, tú y yo, puedes ir y hacerlo de verdad,
y yo no puedo, tal y como están las cosas.
Estás sentado en una trinchera, mientras yo estoy tejiendo
un inútil calcetín que nunca se acaba.
Bueno, es la suerte, querido; y tú la tienes, no hay miedo;
pero para mí... una guerra es poco divertida.


Una de las consecuencias de la guerra fue elinminar paulatinamente las barreras sociales todavía muy rígidas antes del conflicto. Representante en esta antología del estamento nobiliario es Margaret Sackville (1881-1963), hija menor de Reginald Windsor Sackville, séptimo conde de Warr y prima segunda de la conocida escritora y biógrafa Vita Sackville-West. Comenzó a escribir poesía a edad temprana y publicó sus poemas en numerosísimas publicaciones periódicas, entre ellas The English Review y The Spectator.

Lady Margaret Sackville retratada por el pintor George Henry


También fue la primera presidenta de la Poetry Society, fundada en 1912 e ingresaría más tarde en la Royal Academy of Literature de Edimburgo. Al estallar la Primera Guerra Mundial, se unió al grupo de presión antibelicista Unión de Control Democrático, y en 1916 publicó The Pageant of War una antología de sus poemas sobre el conflicto donde renegaba de la guerra interpelando a los combatientes por sus motivaciones, como hace en los primeros versos del poema "¿Quo vaditis?".

"¿Adónde vais,
pálida fila de hombres rotos?"
¿Cómo saberlo?
A morir. Si pudiéramos morir dos veces, moriríamos de nuevo.


Cierra este sexteto de poetas recuperadas la también periodista y sufragista S. Gertrude Ford, apasionada feminista que trabajó sin descanso por la causa femenina en todos los frente imaginables. Sus poemas aparecieron en resvistas como Poetry y Poetry Review, y su primer libro de versos, Sung by the Way, se publicó en 1905. Posteriormente escribió varios volúmenes de poesía patriótica durante la Primera Guerra Mundial: Poems of War and Peace (1915), A Crown of Amaranth (con Erskine Macdonald, 1915), Our Heroes (1916) y A Fight to a Finish (1917). En sus versos destaca la preocupación por los sentimientos de la mujer, en especial las familiares de los soldados y muy en concreto, las madres, a quienes dedica bellos versos en poemas como "El corazón de una madre":

¿Acaso vacilaron o les dolió
este séptuplo golpe?
No era más que el corazón de una mujer
lo que tomaron y rompieron.





Vera Mary Brittain

Quizás

(A R.A.L. Muerto a causa de sus heridas en Francia, 23 de diciembre de 1915)

Quizá algún día el sol vuelva a brillar
y veré que el cielo sigue siendo azul,
y sentiré una vez más que no vivo en vano
aunque sea despojada de ti.

Quizá los prados dorados a mis pies
harán agradables las horas de sol primaveral
y me parecerán dulces las blancas flores de mayo
aunque te hayas ido.

Quizá los bosques de estío resplandezcan,
las rosas rojas sean hermosas de nuevo
y una delicia los otoñales campos de cosecha,
aunque tú no estés aquí.

Quizá algún día no me encoja de dolor
al ver pasar el año que termina
y escuche de nuevo villancicos
aunque tú no puedas oírlos.

Pero aunque el amable Tiempo renueve ciertos gozos
el más grande de ellos no sentiré de nuevo
pues mi corazón se quebró
hace largo tiempo al perderte.

Primer Hospital General de Londres, febrero de 1916.


May Wedderburn Cannan

París, 11 de noviembre de 1918

Por los bulevares pasaba la multitud
los gritos y los cantos se apagaron
y en el silencio elevamos nuestros brindis,
los corazones levantados hacia el momento, el Día:
-el Rey, el Ejército, la Marina, los Aliados,
Inglaterra, la Victoria-.
Entonces te volviste a mí con voz baja
(las mesas eran un zumbido festivo)
"Tengo un brindis para los dos", dijiste
y susurraste: "Por los ausentes" y bebimos
por nuestros muertos no olvidados.
Pero vi al Amor pasar los años solo,
y cuando bebí, las lágrimas habían salado el vino.


Jessie Pope

Chicas de la guerra

Está la chica que pica tu billete de tren
y la que dirige el ascensor de piso en piso,
está la chica que reparte leche bajo la lluvia,
y la que trae los pedidos hasta tu puerta.
Fuertes, sensatas, preparadas,
están ahí fuera para mostrar su valor
y hacer su trabajo con energía y destreza.
Ya no están enjauladas o encerradas,
van a seguir tirando del carro
hasta que los chicos de caqui regresen marchando.

Está la chica que conduce un gran camión,
está la carnicera que te trae tu pieza de carne,
está la chica que grita "¡Billetes, por favor!" como un hombre
y la que silba a un taxi por la calle.
Bajo cada uniforme
late un blando y amable corazón,
aunque no les falta astucia de madre sagaz.
Pero es esta una solemne declaración:
no tienen tiempo para el amor y los besos
hasta que los chicos de caqui regresen marchando.


Rose Macaulay

Lo que muchas hermanas les dicen a sus hermanos

Cuando hacíamos batallas (en la Navidad lluviosa)
con soldados repartidos en tropas por el suelo,
disparaba tan directo como tú, mis derrotas fueron
tantas como mis victorias, o más.
Y cuando en batalla naval, en medio del ruido del cañón,
las flotas se encontraban en la bañera,
mis cruceros eran tan delgados, mis acorazados tan sombríos,
mis submarinos recortaban raudos el camino.
O, cuando llovía demasiado tiempo, y la fuerza del fuerte
surgía e irrumpía con golpes,
yo estaba tan en forma y tan dispuesta, mis puños golpeaban limpiamente,
tu ojo morado hacía juego con mi nariz sangrante.
¿Hubo alguna riña o estratagema en la que tú, el chico,
pudiera mejorarme? No escalabas más alto,
ni montabas más recto, ni corrías tan rápido (y fumar te hacía vomitar)
...Pero yo estoy aquí sentada y tú bajo el fuego enemigo.

Oh, eres tú el afortunado, allá entre sangre y mugre:
naciste bajo la buena estrella.

Todo lo que soñamos, tú y yo, puedes ir y hacerlo de verdad,
y yo no puedo, tal y como están las cosas.
Estás sentado en una trinchera, mientras yo estoy tejiendo
un inútil calcetín que nunca se acaba.
Bueno, es la suerte, querido; y tú la tienes, no hay miedo;
pero para mí... una guerra es poco divertida.


Margaret Sackville

¿Quo vaditis?

"¿Adónde vais,
pálida fila de hombres rotos?"
¿Cómo saberlo?
A morir. Si pudiéramos morir dos veces, moriríamos de nuevo.

"¿Por qué?" La llamada
de una voz extraña, ¿era de muerte o nacimiento?
Vinieron a nosotros,
a todos nosotros, los hombres de toda la tierra.

"¿Y con qué fin?"
No preguntamos, pero vemos
la misma luz que se enciende en nuestro amigo
brillar en el rostro de nuestro adversario.

"¡La misma luz, la misma maldición!
¿Y con qué propósito?" Yacemos
en lo profundo de un mismo útero,
los muertos, los muertos juntos en un solo sueño.


S. Gertrude Ford

El corazón de una madre

No era más que el corazón de una madre
atrapado entre las ruedas de la refriega:
los señores de la guerra supieron, desde el principio,
que las ruedas llegarían lejos.

Sabían que molerían y aplastarían;
lo sabían, pero ¿qué les importaba?
Los señores de la guerra tienen medios para acallar
lo que dicen sus mujeres.

Así que los muchachos se fueron, ni maldijeron
esto que los reyes habían hecho:
siete valientes muchachos, al principio.
Ahora, ni uno.

¿Cuánto tiempo lloró la madre?
Frenética, ella murió a su vez.
¿Y entonces qué? "Las mujeres valen poco"
dijeron los señores de la guerra.

¿Acaso vacilaron o les dolió
este séptuplo golpe?
No era más que el corazón de una mujer
lo que tomaron y rompieron.
 
 

Proyecciones De Escritoras Suicidas


Una enloquecida aventura interior, montaje ideado y dirigido por Sheyla Niño, revive en el Kamikaze a Anne Sexton, Storni, Violeta Parra, Woolf, Pizarnik y Sylvia Plath. Juntas en un psiquiátrico encontrarán por fin su liberación.


POR ALBERTO OJEDA

Aldana Herrera Möller en una enloquecida aventura interior. Foto: Nacho Laseca


El suicidio suele orlar la trayectoria de un artista con una mística trágica pero atractiva. Esa fuga radical suscita el morbo, la curiosidad y, acaso, la identificación. Pero según Sheyla Niño, impulsora e ‘ideóloga' de la dramaturgia de Una enloquecida aventura interior, que se estrena el próximo miércoles 26 en el Teatro Kamikaze, también en esta coyuntura las mujeres han sido relegadas a una posición secundaria. “La obra de Pavese, Mishima, John Kennedy Toole, entre otros, no se ha visto empañada por su muerte o al menos no se ha convertido en el hecho más relevante”, afirma a El Cultural. Algo que a su juicio sí ha ocurrido con las escritoras que revive en su obra: Violeta Parra, Alejandra Pizarnik, Sylvia Plath, Alfonsina Storni, Anne Sexton y Virginia Woolf. “Los artículos sobre ellas suelen estar más enfocados a buscar la poesía en su suicidio que en detenerse a leer la literatura que dejaron escrita”.


La obra de Pavese, Mishima y John Kennedy Toole no se empañó por su suicidio. La de ellas sí", dice Sheyla Niño:
La puesta en escena es diáfana hasta el extremo. Hay solo un sillón y las ventanas del ambigú del teatro evidencian el encierro. Es un espacio anclado en rutinas inanes que van transformando a sus moradoras en amebas carentes de voluntad. Pero al compartir sus vivencias desencadenan la catarsis y la redención. “Van manifestando pinceladas de su vida, ya que viajamos del presente-real a un mundo paralelo, ya sea pasado, imaginado o anhelado. A medida que se van ‘desnudando', van entendiendo lo que tienen que ver las unas con otras y realizan un viaje desde la anulación, desde la pérdida de la identidad, hasta la liberación de ser ellas mismas y volver a crear”.



La maternidad, el sexo y la creatividad artística son los temas capitales de esta vindicación escénica. “Hay algo fundamental: lo brillantes que son todas y, a la vez, lo poco que se las lee a algunas”. Niño se refiere sobre todo a Sexton, Storni (“más conocida por la canción de Mercedes Sosa que por su propia obra”) y Violeta Parra (“se la conoce como cantante pero muchos creen incluso que Gracias a la vida es una composición de su hermano Nicanor”). En su montaje las recluye en una especie de institución psiquiátrica, una decisión que alude, claro, a los trastornos mentales que padecieron muchas de ellas. Tratados, por cierto, con métodos agresivos y pedestres. Y también al aislamiento que el entorno social de su época procuró a su hipersensibilidad. Aplicaron un cordón sanitario contra su ‘locura'.