10/07/2017

HIJO DEL POETA ENRIQUE GOMEZ -CORREA. INVITADO AL TALLER



«Para ser poeta se necesita mucho coraje, se necesita mucha profundidad, mucha dedicación, es un oficio difícil.Difícil y sumamente peligroso porque se está ,en un momento dado, en que se juega con las palabras y no hay nada más peligroso que la Palabra» -Lo dijo un abogado,un poeta surrealista-
ENRIQUE GOMEZ -CORREA 



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MANDRAGÒRICO ENCUENTRO ESTE JUEVES 12 DE OCTUBRE CON EL HIJO DEL POETA QUE VERSARÀ ACERCA DE SU OBRA Y TRBAJO POÈTICO. 


LA HISTORIA DE ENRIQUE GÓMEZ CORREA, FUNDADOR DEL GRUPO MANDRAGORA DE CHILE, SU HIJO, PROMOTOR DE SU VIDA Y OBRA POÈTICA  DE ESTE GRUPO SURREALISTA EN CHILE, TIENE SU  PRESENTACIÓN PROGRAMADA PARA EL JUEVES 12 DE OCTUBRE EN EL PALACIO DE LA CULTURA (3 A 5 PM). Y LUEGO EN EL CAMINITO- UNA CUADRA ARRIBA DEL PALACIO DE BELLAS ARTES- .(6:30 PM 8 PM). Y A LA CUAL TODOS NUESTROS AMIGOS ESTÁN GRATAMENTE INVITADOS


PALABRAS DEL POETA RAÙL HENAO ACERCA DE SU OBRA Y PENSAMIENTO :


 "ENRIQUE GÓMEZ-CORREA "es casi una sombra en las "historias", manuales y antologías más usuales de la literatura chilena. Se dirá sentenciosa o razonablemente que nadie es profeta en su tierra, pero este tópico ha servido, en todas partes, para enmascarar o justificar las mayores incomprensiones y las incompetencias más flagrantes", dice MARTÍN CERDA /PRESIDENTE DE LA SOCIEDAD DE ESCRITORES DE CHILE.. Ese estupendo escritor (ensayista) y ser humano al que tuve el privilegio de conocer cuando era sólo un exiliado más de la dictadura pinochetista, en la Caracas de la década del 70. Fueron muchas las noches de bohemia que acompañe a Martín - que era un conversador y bebedor fabuloso- por los bares y tabernas de LA REPÚBLICA DEL ÉSTE frecuentados precisamente por un grupo de poetas y prosistas venezolanos que se denominaban con el mismo nombre, hoy todos -con una o dos excepciones- prematuramente desaparecidos. Evoco su recuerdo para que nos acompañe esta vez en el HOMENAJE MANDRAGÓRICO que se le hará en Medellín, el próximo mes de octubre, al poeta co-fundador de MANDRAGORA, uno de los grupos de poetas (con el grupo argentino de Aldo Pellegrini) pionero en la introducción de la poesía surrealista en iberoamérica.




9/25/2017

Poemas escogidos de John Ashbery

Seleccionamos algunas de las muestras más representativas de la obra poética del autor estadounidense, recientemente fallecido a los 90 años
 
EL CULTURAL | 04/09/2017 

John Ashbery


Limosna para el apicultor

Comete mejores errores así.
Pásalo durante el desayuno:
la familia y todo el mundo
con un sentimiento parecido al poder,
pleiteando. Menos pesada, tu estrategia textual
descartó otras opciones, por lánguida.
Arrancan las parejas en el polvo,
comienzan. De nuevo.

Pasó a ser parte de la empresa por la noche.
El 26 cae en lunes.


Anteproyectos y similares

El hombre al otro lado de la calle parece feliz,
o complacido. A menudo el botones escapa del suelo.
Después de mucho jugar a las fuerzas armadas
eres mi propio mejor cliente.

Ya he hecho cinco de esos.
Y mi halloween. Pídeme que no lo diga.
El viejo quiere verte -Ahora.
Está bien, pero encuentra el tuyo.
¿Quieres dejar de usar estos?

Quienes ganaron la otra vez me dieron que me sentase en el orinal.
No hagas que otro se ponga lo que tú no te pondrías.
Cómo andar por la ciudad mi amor.
Hombres en ropa interior... Un campo biográfico
como donde vivíamos en las montañas,

una caída. Sí, ya sé que tienes.
Mercancía buenísima, ya sabes, mascotas.
Esculturas rústicas de afuera.
(No van a ver a nadie).


Un humor de tranquila belleza

La luz de la tarde era como miel entre los árboles
cuando me dejaste y caminaste hasta el final de la calle
donde terminaba abruptamente el crepúsculo.
El puente levadizo, similar a un pastel de boda, descendió
hasta la tímida flor del nomeolvides.
Tú subiste a bordo.
Ardientes horizontes pavimentados de pronto con piedras de oro,
sueños que tuve, incluyendo el suicidio,
soplan el globo de aire caliente y lo alejan.
Está reventando, está a punto de reventar
con algo invisible
justo durante estos días.
Nosotros escuchamos, y a veces oímos,
algo que se acerca

y hacemos que la sangre descienda, y cosas así.
Los museos se tornaron entonces generosos, y vivieron en nuestro aliento.


Pensamientos de una muchacha joven

"Hace un día tan bonito que tenía que escribirte una carta
desde la torre, y para decirte que no estoy enfadada:
lo que pasa es que resbalé en la pastilla de jabón del aire
y me ahogué en la bañera del mundo.
Vales demasiado para llorar mucho por mi causa.
Y ahora renuncio a ti. Firmado, La enana".

Pasé por allí a última hora de la tarde
y la sonrisa todavía iluminaba sus labios
igual que desde hace siglos. Ella siempre sabe
cómo ser absolutamente deliciosa. ¡Oh, hija mía,
preciosa, hija de mi último jefe, princesa,
ojalá no tardes en aparecer!


Verano

Ahí está ese sonido como viento
Olvidado en las ramas que significan algo
Nadie puede traducir. Y ahí está el aleccionador "más tarde"
Cuando tú consideras lo que una cosa significaba, y lo anotas

Por lo pronto la sombra es abundante
Y difícilmente vista, dividida entre las ramas de un árbol,
Los árboles del bosque, justo como la vida es dividida
Entre tú y yo, y entre todos los demás

Y lo hallándose en etapas siguientes
El periodo de reflexión. Y de repente, estar muriendo
No es ligero o conocido o poca cosa
Solo usado, el calor inaguantable

Y también las pequeñas construcciones tontas sobrecargan
A las fantasías que hicimos: verano, el ovillo de agujas de pino
Los destinos inciertos dados a nuestros actos con sonrisas simbólicas
Llevando a cabo sus instrucciones muy exactamente

-Muy tarde para cancelarlas ahora- , y el invierno, el trinar
De las estrellas frías en el cristal, que describe con amplios gestos
Este estado que no es tan grande después de todo
El verano implica descender como una escalera empinada

Hacia una estrecha cornisa encima del agua. ¿Esto es todo, entonces
Este consuelo metálico, estos tabúes razonables,
O lo que quieres decir cuando lo dejaste? Y el rostro
Se asemeja al tuyo reflejado en el agua


Mi doble erótico

Dice que no tiene ganas de trabajar hoy.
Da igual. Aquí en la sombra
detrás de la casa, protegido de los ruidos de la calle,
uno puede repasar todo tipo de viejo sentimiento,
tirar algunos, guardar otros.

El intercambio
entre nosotros se vuelve más intenso cuando hay
menos sentimientos alrededor para confundir las cosas.
¿Otra vuelta? No, pero las cosas últimas
que encuentras para decir son encantadoras siempre y me rescatan
antes de la noche. Flotamos
en nuestros sueños como una balsa de hielo,
atravesados de preguntas y fisuras de luz estelar
que nos mantienen despiertos, pensando en los sueños
a medida que suceden. Un suceso. Tú lo has dicho.

Lo dije pero lo puedo ocultar. Pero no me da la gana.
Gracias. Eres una persona muy amable.
Gracias. Tú también.


Eco tardío

Solos con nuestra locura y nuestra flor favorita
vemos que no hay de veras nada acerca de qué escribir.
O más bien, es necesario escribir acerca de las mismas cosas.
de la misma manera, repitiendo las mismas cosas una y otra vez
para que el amor continúe y sea gradualmente diferente.
Las colmenas y las hormigas tienen que ser reexaminadas eternamente
y el color del día registrado
cientos de veces y variado de verano a invierno
para que se enlentezca el ritmo hasta una auténtica
sarabanda y se entrevere allí, vivo y reposado.

Sólo entonces la falta de atención endémica
de nuestras vidas puede enroscarse alrededor de nosotros , amistosa,
y con un ojo puesto en esas largas sombras teñidas y afelpadas
que hablan tan hondo a nuestra falta de preparación y
conocimiento acerca de nosotros mismos, los motores parlantes de nuestro día.


Lista de pendientes

El extraño camina hacia los niños, que se adentran
en el cielo. Nace una lección. Hay quienes
dirán que nos hace mejores. No nosotros, sin embargo.
Nacimos para ignorar las señales de aviso
[y negar las coacciones a testigos.
Por lo demás, seguiremos el orden del día que se fraguó para nosotros.
Elegías en lata. "Eso" viene a resumirlo más a menos
mientras nuestro paso por el planeta termina ambiguamente.

Y aunque fuimos propuestos para el cuadro de honor
otros ascendieron en nuestro lugar, guardaron silencio
en la paradoja envolvente. Invitados a inspeccionar coches viejos,
pocos se dieron cuenta de a qué daban su conformidad,
o de cómo el muro vacío convertido en confidencia incriminatoria
florecía en forma de sala de sucesos y casos paranormales...
justo lo que esperábamos del temblor incitante de la tarde marchita.

"De lo más ilustre"... Me voy acercando
aunque no necesite la atención... o casi,
porque sucede, simplemente, ¿o...?
No sé cómo me siento.
Es esta ignorancia de los números y sus consecuencias,
[nosotros incluidos.
Recostado sobre un tartán ambiguo en una cabaña elegante,
[uno escucha
arias olvidadas de un altavoz con forma de petunia.
Donna è mobile. Où va la jeune Hindoue?
Oui, c'est elle, c'est la déesse. Pero no me liberes
todavía. Demasiado poco es demasiado pronto.
Lo mismo da gruñir como un bote a pedales en una zanja
que terminar aceptando como nuestras estas prácticas tardías.
Quedan muchas preguntas


y no quieren saber nada
 
 
 
 

Baudelaire,¿el incomprendido?

Un vanguardista incomprendido.

A los 150 años de la muerte del poeta francés, autor de Las flores del mal y referente innovador imprescindible del siglo XIX, cuya influencia todavía es palpable a día de hoy.


POR ANDRÉS SEOANE | 31/08/2017 

Charles Baudelaire


En la actualidad es una opinión unánime e incontestable que la poesía moderna sería difícil de explicar sin la contribución que le aportó Charles Baudelaire, quien utilizando y destruyendo las formas clásicas consiguió expresar cosas que hasta entonces ningún lector había podido disfrutar. Pero lo que la posteridad le ha otorgado, 150 años después de su muerte, poco tiene poco que ver con lo que Baudelaire pudo disfrutar en vida, una vida que no fue clemente con él. Rebelde, extravagante, hipersensible y genial (quizás el peor defecto), contrario a las convenciones sociales y artísticas y puntilloso y profesional hasta el extremo, a la vez que indolente y derrochador; uno de los peores enemigos que sufrió, además de la censura o la crítica, fue él mismo.


Nacido en 1821 en París, Baudelaire creció en la capital francesa, combinando la veneración hacia su madre, auténtica y duradera devoción filial, con el odio hacia el padrastro, el militar Jacques Aupick. Su padre, pintor, lo concibió a los 62 años y moriría en 1827. Uno de los primeros poemas que escribió es A una dama criolla, datado de 1841 y levemente teñido de orientalismo por estar escrito durante un viaje a la isla Reunión, al que su padrastro le había enviado para alejarlo de su vida "escandalosa y disoluta", y que para el poeta fue una especie de exilio que le dejó honda impresión. De vuelta a París, Baudelaire compaginó la escritura literaria con la crítica de arte y la traducción, ocupándose de las obras de Edgar Allan Poe, a quien admiraba profundamente y con quien comparte multitud de similitudes.

Criado bajo la sombra de Victor Hugo, Théophile Gautier o Balzac, fue contemporáneo de escritores como Flaubert y de toda la generación de los llamados "poetas malditos", en cuya nómina le incluyó Paul Verlaine (él mismo uno de ellos) por su vida bohemia y sus excesos. "Dante de una época decadente" le definió el también escritor Barbey d'Aurevilly. Con todo, a pesar de sus escarceos constantes con prostitutas y drogas y de su sempiterna ruina, logró dilapidar una considerable fortuna heredada de su padre, llegó a ser el poeta más influyente para el posterior simbolismo francés, corriente dominante hacia finales de siglo.

Sin embargo, Baudelaire tuvo que luchar siempre durante su existencia con una realidad empeñada en extremo en rebajar lo más posible sus pretensiones. Privado de ser un dandi por su pobreza crónica, su faceta de escritor, tropezó con la indiferencia del público, la mezquindad de muchos editores y la propia dispersión derivada de su carácter y condiciones de vida, a pesar de sus evidentes dotes. Con su carácter rompedor, trato asimismo de erigirse en precursor estético y moral, pero la época no estaba madura. Apenas si consiguió levantar la voz en una sociedad que seguía aceptando la premisa biempensante del "arte útil" y rendía culto al "padre" Hugo y su romanticismo moralista y positivo.

Por ello el poeta dispensó a su época un trato equitativo al recibido. "Excepto Chateaubriand, Balzac, Stendhal, Mérimée, Vigny, Flaubert, Banville, Gautier, Leconte de Lisle, toda la escoria moderna me horroriza". Un juicio severo con el que le correspondía su contemporaneidad. Por desgracia, la poesía de Baudelaire era demasiado audaz para su época. "Seguiré siendo un monstruo en cualquier tipo de literatura", afirmaba en una carta al "rey" Victor Hugo para expresar lo diferente e incomprendido de su literatura, demasiado "moderna". De hecho, a menudo se le hace responsable de haber acuñado el término modernidad para designar la experiencia fluctuante y efímera de la vida en la metrópolis urbana, uno de sus temas predilectos, y una paradoja, pues rechazaba esta vida moderna en el aspecto material siendo él mismo muy moderno en los ámbitos sociales y artísticos.










Pruebas de imprenta de Las flores del mal con anotaciones de Baudelaire
La visión estética y vital de Baudelaire quedaría plasmada en su única obra, aquella a la que debe su fama inmortal, pero que en realidad le causó más disgustos que otra cosa. Las flores del mal, es una de las cimas de la literatura del siglo XIX, un clásico universal que ha tenido como deudores a multitud de autores, desde contemporáneos como Stéphane Mallarmé y Arthur Rimbaud, hasta herederos posteriores como Marcel Proust o Julio Cortázar. Tras multitud de problemas y meses y meses de correcciones puntillosas y milimétricas, el libro llegó a las librerías, finalmente, el 25 de junio de 1857, en edición de Poulet-Malassis y Broise. Era la consagración para el poeta que, como testimonian sus contemporáneos, habría terminado la composición de la mayor parte de su colección a principios de los años 50. Sin embargo, días después de la publicación de Las flores del mal, Baudelaire provocó las iras de la prensa. La dirección de Seguridad Pública lo llevó ante la justicia por "ofender la moral pública y religiosa" y tuvo que pasar por un oneroso y casi ofensivo proceso penal. Pero a pesar de la intervención de la justicia, la obra continuó reeditándose y alcanzó cierta preeminencia, que no dejaría de crecer, en los círculos intelectuales.

En su poemario, Baudelaire expuso una nueva forma de escribir poesía que dinamitó el clasicismo de su época, una ruptura radical que empezó por la métrica terminando por la temática. Baudelaire fue el primero en criticar la aparición de la ciudad moderna y contemporánea, habitada por una burguesía decadente cuya moral no soportaba. El poeta rechazó la modernidad tecnológica y miró con desconfianza la imparable revolución científica, al contrario que sus contemporáneos, pues advirtió su potencial deshumanizador. También su tratamiento erótico del amor fue polémico, y fue la causa de la censura de seis poemas que no fueron recuperados hasta finales de los años 40 del siglo XX. Asimismo, sus versos sobre excesos, alcohol y drogas causaron un terremoto moralista en la pacata sociedad del Segundo Imperio francés.

Un aspecto clave de Baudelaire, fue su visión del lugar que ocupa el poeta en la sociedad. Para el francés, el poeta es un ser iluminado, alguien que debe vivir en las alturas porque una vez caído, una vez entre el resto de la gente es completamente inútil. Precisamente al final de su vida, ocurrido en 1867 a causa de una sífilis contraída durante su disipada juventud, fue el escritor cada vez más consciente de su lugar en la posteridad. Ya en el momento de la publicación de Las flores del mal parecía escribir con una clara vocación de pervivencia; él mismo era consciente del valor de la obra que tenía entre manos. Así, en julio de ese mismo año, 1857, escribió a su madre: "Se me niega todo, el espíritu de invención e incluso el conocimiento de la lengua francesa. Me río de todos estos imbéciles y sé que esta obra, con sus cualidades y sus defectos, recorrerá su camino en la memoria del público culto, junto a las mejores poesías de Víctor Hugo, de Théophile Gautier e incluso de Byron".

En ocasiones místico y en otras demoníaco, ora onírico y ora procaz en su realismo contundente, el nombre de Charles Baudelaire evoca principalmente la quintaesencia de la poesía pero también la sublimación de lo sórdido y la obsesión por el mal. Hoy sin embargo, su obra es apreciada por su perfección estética y su amplia y novedosa temática. Pero sobre todo, por lo que el poeta intuyó hacia el final de su vida: su absoluta vocación vanguardista. Algo que se desprende de su juicio sobre la pervivencia de su polémico y sufrido libro. "Las flores del mal, ¡libro olvidado! Eso es demasiado absurdo. Todavía lo piden. Quizá comience a ser comprendido dentro de algunos años". Y 150 años después, nada menos, (160 de su publicación), Baudelaire ha conseguido, en efecto, el lugar que para él consideraba reservado, la posteridad, consiguiendo además, erigirse en epítome de la modernidad.


Como afirma Luis Antonio de Villena, la poesía de Baudelaire "es casi intraducible, más allá del problema (real y retórico) de la traducibilidad poética. Si toda traducción de poesía es ardua, la simbolista, que se basa en la rima y en todos los artificios de la sonoridad, se vuelve una tarea peliaguda y casi siempre regularmente retribuida". No obstante, ofrecemos aquí unos breves ejemplos del genio del poeta francés:

Alegoría

Es una mujer bella y de espléndido porte,
Que en el vino arrastrar deja su cabellera.
Las garras del amor, los venenos del antro,
Resbalan sin calar en su piel de granito.
Se chancea de la muerte y del Libertinaje:
Los monstruos, cuya mano desgarradora y áspera,
Ha respetado siempre, en sus juegos fatales,
La ruda majestad de ese cuerpo arrogante.
Camina como diosa, posa como sultana;
Una fe mahometana deposita en el goce
y con abiertos brazos que los senos resaltan,
Con la mirada invita a la raza mortal.
Cree o, mejor aún, sabe, esta infecunda virgen,
Necesaria, no obstante, en la marcha del mundo,
Que la hermosura física es un sublime don
Que de toda ignominia sabe obtener clemencia.
Tanto como el Infierno, el Purgatorio ignora,
Y cuando llegue la hora de internarse en la Noche,
Contemplará de frente el rostro de la Muerte,
Como un recién nacido -sin odio ni pesar.

Elevación

Por encima de estanques, por encima de valles,
De montañas y bosques, de mares y de nubes,
Más allá de los soles, más allá de los éteres,
Más allá del confín de estrelladas esferas,

Te desplazas, mi espíritu, con toda agilidad
Y como un nadador que se extasía en las olas,
Alegremente surcas la inmensidad profunda
Con voluptuosidad indecible y viril.

Escápate muy lejos de estos mórbidos miasmas,
Sube a purificarte al aire superior
Y apura, como un noble y divino licor,
La luz clara que inunda los límpidos espacios.

Detrás de los hastíos y los hondos pesares
Que abruman con su peso la neblinosa vida,
¡Feliz aquel que puede con brioso aleteo
Lanzarse hacia los campos luminosos y calmos!

Aquel cuyas ideas, cual si fueran alondras,
Levantan hacia el cielo matutino su vuelo
-¡Que planea sobre todo, y sabe sin esfuerzo,
La lengua de las flores y de las cosas mudas!

Al lector

La necedad, el error, el pecado, la tacañería,
Ocupan nuestros espíritus y trabajan nuestros cuerpos,
Y alimentamos nuestros amables remordimientos,
Como los mendigos nutren su miseria.

Nuestros pecados son testarudos, nuestros arrepentimientos cobardes;
Nos hacemos pagar largamente nuestras confesiones,
Y entramos alegremente en el camino cenagoso,
Creyendo con viles lágrimas lavar todas nuestras manchas.

Sobre la almohada del mal está Satán Trismegisto
Que mece largamente nuestro espíritu encantado,
Y el rico metal de nuestra voluntad
Está todo vaporizado por este sabio químico.

¡Es el Diablo quien empuña los hilos que nos mueven!
A los objetos repugnantes les encontramos atractivos;
Cada día hacia el Infierno descendemos un paso,
Sin horror, a través de las tinieblas que hieden.

Cual un libertino pobre que besa y muerde
el seno martirizado de una vieja ramera,
Robamos, al pasar, un placer clandestino
Que exprimimos bien fuerte cual vieja naranja.

Oprimido, hormigueante, como un millón de helmintos,
En nuestros cerebros bulle un pueblo de Demonios,
Y, cuando respiramos, la Muerte a los pulmones
Desciende, río invisible, con sordas quejas.

Si la violación, el veneno, el puñal, el incendio,
Todavía no han bordado con sus placenteros diseños
El canevás banal de nuestros tristes destinos,
Es porque nuestra alma, ¡ah! no es bastante osada.

Pero, entre los chacales, las panteras, los podencos,
Los simios, los escorpiones, los gavilanes, las sierpes,
Los monstruos chillones, aullantes, gruñones, rampantes
En la jaula infame de nuestros vicios,

¡Hay uno más feo, más malo, más inmundo!
Si bien no produce grandes gestos, ni grandes gritos,
Haría complacido de la tierra un despojo
Y en un bostezo tragaríase el mundo:

¡Es el Tedio! -los ojos preñados de involuntario llanto,
Sueña con patíbulos mientras fuma su pipa,
Tú conoces, lector, este monstruo delicado,
-Hipócrita lector, -mi semejante, -¡mi hermano!

Spleen

Yo soy como ese rey de aquel país lluvioso,
rico, pero impotente, joven, aunque achacoso,
que, despreciando halagos de sus cien concejales,
con sus perros se aburre y demás animales.
Nada puede alegrarle, ni cazar, ni su halcón,
ni su pueblo muriéndose enfrente del balcón.
La grotesca balada del bufón favorito
no distrae la frente de este enfermo maldito;
en cripta se convierte su lecho blasonado,
y las damas, que a cada príncipe hallan de agrado,
no saben ya encontrar qué vestido indiscreto
logrará una sonrisa del joven esqueleto.
el sabio que le acuña el oro no ha podido
extirpar de su ser el humor corrompido,
y en los baños de sangre que hacían los Romanos,
que a menudo recuerdan los viejos soberanos,
reavivar tal cadáver él tampoco ha sabido
pues tiene en vez de sangre verde agua del Olvido.

El vino de los amantes

¡Hoy el espacio es fabuloso!
Sin freno, espuelas o brida,
Partamos a lomos del vino
¡A un cielo divino y mágico!

Cual dos torturados ángeles
Por calentura implacable,
En el cristal matutino
Sigamos el espejismo.

Meciéndonos sobre el ala
De la inteligente tromba
En un delirio común,

Hermana, que nadas próxima,
Huiremos sin descanso
Al paraíso de mis sueños. 
 
 
(Tomado de El Cultural.com ) 

8/21/2017

EL MAZO DE CARTAS Por Raúl Henao.

 LA POESÍA Y EL TAROT 



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EL MAZO DE CARTAS 

Raúl Henao.

Tener como destino los caprichos de la fortuna, con el as de la locura al lado derecho y un irresoluto rey de copas al izquierdo.
Y luego intentar franquear ese círculo vicioso que separa los celos del amor… que es como navegar a vela en un mar borrascoso, o permanecer semana a semana en sus aguas quietas, sin viento a popa o a proa que nos acerque a la orilla.

En fin, en el mazo de cartas, la solución a la trama de la propia vida parece tenerla no las tres hilanderas, sino el ermitaño de la lámpara o el mismo diablo hermafrodita que en el pasado nos acompañara en los lances del amor y el desamor.

Mientras, pasamos las noches en blanco en el cuarto de un hotel suburbano, esperando el amanecer que no llega o siempre nos llega tarde.


15 de agosto de 2017.

8/08/2017

Mailer: “La literatura está en decadencia”

Fragmento de entrevista publicada en Letras Libres.
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FA: La mayoría de los jóvenes no lee, sobre todo literatura. ¿Por qué cree que sea así?
NM: Me temo que la literatura esté en decadencia, y yo soy un importante practicante de una ocupación en agonía. El cine fue un enorme reto para la literatura, pero había entre ellos una relación. Es como si el cine fuera el hermano desencadenado de la cultura literaria, una cultura teatral. Los novelistas podían hacer películas. Ahora ningún buen novelista puede hacer buen cine. Ningún buen cineasta puede convertirse en un muy buen o importante novelista. Antes eso era posible, de algún modo… era como ser primos en competencia. Llegó la televisión y todo se redujo a una especie de común denominador de masas.
FA: ¿Le parece que la televisión transformó el cine y la literatura?
NM: Bueno, la gente ve la tele todo el tiempo. Es distinto que ir al teatro o al cine. Después de todo, en el cine uno está entre extraños. Hay cierta analogía con ir a misa. Es un elemento menor en comparación con otro malo, que es la interrupción en la televisión. Los comerciales son la semilla venenosa de la televisión porque uno está viendo algo, interesado, y cada siete, diez o doce minutos interrumpe un comercial. Entonces se deja de pensar en forma de relato y de narración sostenida. Y se vuelve muy difícil mantener la atención más de siete minutos.
FA: Así es.
NM: Desde la infancia te interrumpen los comerciales. Y te acostumbras a pensar que no hay motivo en el mundo por el que no puedas ponerle mostaza a las frambuesas, porque así sale en los comerciales. Llegan y no tienen nada que ver con el programa. Leer novelas, por ejemplo, es disfrutar de sumergirse en un mundo que perdura durante horas, mientras se lee. Y creo que ya hay muy pocas personas capaces de leer durante muchas horas. Es como si el sistema nervioso estuviera hecho para que lo interrumpan una y otra vez. Creo que por eso los niños tienen problemas ahora en la escuela.
FA: Entonces, ¿por eso cree usted que la literatura ya no llega a los jóvenes?
NM: La condición general del cerebro no va de acuerdo con la lectura, porque las personas ya no quieren recibir la información de la lectura. Creo que se venderían más libros si de pronto, en la página siete, saliera algo.
FA: [Risas] ¡Como un comercial!
NM: Alguna interrupción. O si los editores cogieran cinco novelas que estén publicando y cada cinco o siete páginas insertaran dos páginas de otra novela, como fuera, o un color distinto de papel o algo. Es ridículo.
FA: Entonces usted es pesimista sobre el porvenir de la literatura.
NM: Sí. Creo que lo que va a pasar es que los novelistas serán reverenciados en el futuro como los poetas. En otras palabras, un novelista importante será visto con el mismo asombro y amor que solían otorgarse a los grandes poetas. Pero se van a vender cada vez menos. Vamos a terminar como los poetas. Escribiremos novelas porque nos gusta hacerlo, tenemos que hacerlo, pero ya no se podrá vivir de eso.
FA: ¿Quién fue el novelista más influyente de este siglo?
NM: ¿En los Estados Unidos?
FA: Sí.
NM: Bueno, en los Estados Unidos fue Hemingway. Sin duda. Influyó más que ningún otro. Y creo que fue un gran escritor pese a sus limitaciones. También fue una especie de tío para mí o de sustituto de mi padre. Hemingway influyó en mi estilo más que ningún otro y en el de más escritores jóvenes. De modo que fue enorme esa influencia, porque, al poco tiempo, el estilo con que trabajas es la forma en que percibes. Entonces había que pasar por Hemingway y aprender a escribir como él para aprender a no escribir como Hemingway. Era un proceso interesante que tomaba varios años en los que se aprendía mucho.
FA: Me mortifica preguntarle, pero, ¿piensa a veces en la muerte?
NM: ¿En mi muerte?
FA: Sí.
NM: Por supuesto. Pero no tanto como cuando era joven.
FA: ¿Qué pensaba de eso cuando era joven?
NM: Bueno, en algún momento —no cuando era chico, quizá tendría ya 35 años, los años en que fumaba mucha marihuana— llegué a decidir que sin duda había un más allá y era emocionante y estaba lleno de aventuras y peligros y era difícil como la propia vida, y quizá más todavía. Creo que uno de los motivos de haber escrito el libro Noche de la Antigüedad, sobre Egipto, fue porque los egipcios creían tanto en el más allá, donde se tenía buen éxito o se fracasaba. Si fracasabas, morías de veras y si tenías buen éxito, pasabas al cielo y vivías para siempre. Bueno, yo no creo en nada de eso, sino en que estamos aquí como parte de una cadena continua del ser, por así decir, de modo que a partir de cómo vives una vida, ingresas en otra, y que lo mejor que te puede pasar es volver a nacer. Tengo una forma simple de pensar porque pienso que Dios, ella o él, se está esforzando y quizá obtenga buenos o malos resultados, porque también pienso que hay un diablo en los asuntos humanos. De modo que se trata de un pensamiento muy sencillo que me permite el beneficio intelectual de reconocer que la lástima por uno mismo es la peor enfermedad física. No hay nada peor que la lástima por uno mismo, porque corroe y envenena todo lo demás. Pero si uno consigue reducir esa lástima a niveles muy manejables, entonces te concede cierta ecuanimidad. Además tengo nueve hijos, y por lo tanto mucho que disfrutar.
FA: ¿No tiene miedo?
NM: Creo que no. Tengo curiosidad. Tengo mucha curiosidad de saber si mi idea de la muerte tiene algo de real [risas].
***
Puede leer el texto completo aquí.

5/25/2017

El simbolismo en la pintura, Según William Butler.

William Butler Yeats: El Agobio Vacío.


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William Butler Yeats: El simbolismo en la pintura

En Inglaterra, que ha creado un Arte Simbólico grande, la mayoría de la gente le disgusta un arte si se les dice que es simbólico, porque confunden el símbolo y la alegoría. Incluso el diccionario de Johnson no ve mayor diferencia, porque define el símbolo como: lo que comprende en su figura una representación de algo diferente; y a la alegoría como un lenguaje figurativo con el que se trata de decir algo diferente a lo que expresan las palabras tomadas en un sentido literal. Sólo un diccionario muy moderno llama símbolo al signo o representación de cualquier cosa moral mediante imágenes o propiedades de las cosas naturales, definición que, aunque imperfecta, ¡no difiere de la expuesta en la tablilla de esmeralda de Hermes! (1): ¡Las cosas de abajo son como las de arriba! The Faerie Queene The Pilgrim’s Progress han sido obras tan importantes en Inglaterra que durante algún tiempo la alegoría ha descollado sobre el simbolismo, y lo ha arrollado en su propia caída. William Blake fue quizás el primer escritor moderno que insistió en la diferencia; y días atrás, en París, mientras estaba sentado para que hiciera mi retrato un pintor simbolista alemán, cuya conversación sólo giraba en torno al amor que sentía por el simbolismo y su odio por la alegoría, me di cuenta que sus definiciones eran iguales a las de Blake, del que lo ignoraba todo. William Blake escribió: La visión o la imaginación –queriendo expresar con estas palabras, simbolismo- es una representación de lo que verdaderamente existe, de forma real o inalterable. La Fábula o La Alegoría la crean las hijas de la Memoria. El alemán insistía con ademanes decididos que el simbolismo decía cosas que no podrían decirse de manera tan perfecta de ninguna otra forma y que sólo requerían un instinto para su comprensión; mientras que la alegoría decían cosas que podían decirse igual o mejor de otra manera, y necesitaban de un conocimiento adecuado para su comprensión. Uno le daba voz a las cosas mudas y cuerpo a las cosas sin forma; mientras que la otra daba un significado –al que nunca le había faltado voz o cuerpo- a algo visto u oído, apreciado menos por su significado que por sí mismo. Los únicos símbolos que le importaban eran los de las formas y movimientos del cuerpo; unas orejas ocultas bajo el cabello, para hacer que uno piense en una mente preocupada por voces interiores; y una cabeza tan inclinada que la espalda y el cuello forman una sola curva, como en la Vision of Blood-Thirstines, de Blake, para evocar una emoción de fuerza física; y jamás pondría un lirio, una rosa o una amapola en un cuadro para expresar pureza, amor o sueño, porque pensaba que estos emblemas eran alegóricos y que tomaban su significado de la tradición y no por derecho natural. Yo le contesté que la rosa, el lirio y la amapola también estaban ligados, por su color, olor y uso, el amor, la pureza y el sueño, y a otros símbolos de estos tres temas, y que durante tanto tiempo han formado parte de la imaginación del mundo, que un simbolista podía utilizarlos para facilitar la comprensión de su idea, sin transformarse en un alegorista. Creo que cité el lirio que sostenía la mano del ángel en la Anunciación de Rosseti, y el lirio que está en la jarra de su cuadro Girlhood of Mary, Virgin, pensando en que hacían que los símbolos más importantes, los cuerpos de las mujeres y de los ángeles y la luz clara de la mañana, ocupasen su puesto en la gran procesión de los símbolos cristianos, único lugar en el que pueden tener todo su significado y toda su belleza. 

Es difícil decir dónde se funden una con otra la alegoría y el simbolismo, pero no es difícil decir dónde alcanzan su perfección; y aunque se dude sobre el cuál es más importante en los cuernos del Moisés de Miguel Ángel, es indudable que el simbolismo ha ayudado a despertar la imaginación moderna; mientras que el nacimiento de la vía láctea de Tintoretto, que es la alegoría sin nada de simbolismo, es, parte de una admirable realización, sólo un momento de diversión para nuestra fantasía. Cientos de generaciones podrían escribir sobre su significado y darían significados diferentes, porque ningún símbolo expresa todo su sentido a ninguna generación; pero cuando se ha dicho, esa mujer es Juno y la leche que sale de su pecho está creando la Vía Láctea, se ha revelado el significado de la otra obra, y la admirable pintura, aunque ha añadido belleza superflua, no lo ha dicho mejor. 

Todo arte que no es el mero relato de una historia, o un simple retrato, es simbólico y tiene la misma intención de aquellos talismanes simbólicos que hacían los magos medievales con colores y formas complejas, ordenando a sus pacientes que meditaran cada día sobre ellos, teniéndoles delante y luego guardándolos con su sagrado secreto; porque lleva consigo en colores y formas complejas, una parte de la Esencia Divina. Una persona o un paisaje que forma parte de una historia o de un retrato, evoca tanta emoción como lo permitan la historia o el retrato sin aflojar los lazos que lo hacen ser una historia o un retrato; pero si se libera a la persona o al paisaje de los lazos de las motivaciones y de sus acciones, causas y efectos, y de todos los lazos salvo los del amor, cambiará bajo nuestra mirada y se convertirá en símbolo de una infinita emoción, una emoción perfeccionada, una parte de la Esencia Divina; porque nosotros sólo amamos lo perfecto y nuestros sueños hacen perfectas a todas las cosas para poder amarlas. Las personas religiosas y visionarias, los monjes y las monjas, y los exorcistas y los que mastican opio, ven símbolos en sus trances; porque el pensamiento religioso y visionario es un pensamiento sobre la perfección y el camino hacia la perfección, y los símbolos son las únicas cosas lo suficientemente libres de todo lazo para hablar de perfección. 

Los dramas de Wagner, las odas de Keats, los cuadros y poemas de Blake, los cuadros de Calvert, los de Rossetti, las obras de teatro de Villiars de l’Isle-Adam y el arte en blanco y negro de Beardsley y Ricketts, y las litografías de Shannon, y los cuadros de Whilster y las obras de teatro de Maeterlinck, y la poesía de Verlaine, en nuestros días, solo difieren del arte religioso de Giotto y sus discípulos en que han aceptado todos los simbolismos, el simbolismo de los antiguos postores y los astrólogos, ese simbolismo de la belleza física que a Fra Angélico le parecía pecaminoso, el simbolismo del día y de la noche, del invierno y del verano, de la primavera y el otoño, que alguna vez representó una gran parte de una religión más antigua que el cristianismo; y en haber aceptado todo el Intelecto Divino, su cólera y su piedad, su vigilia y su sueño, su amor y su lujuria, como sustancia de su arte. Un Keats o un Calvert es tan simbolista como un Blake o un Wagner; pero es un simbolista fragmentario, porque mientras evoca en sus personajes y en sus paisajes una infinita emoción, una emoción perfeccionada, una parte de la Divina Esencia, no coloca sus símbolos en la gran procesión como hubiera hecho Blake, en un cierto orden, adecuado para su energía imaginaria. Si se pinta una mujer hermosa y se llena su rostro como tantas veces hizo Rossetti, con un amor infinito, con un amor perfeccionado, nuestros ojos no encuentran un ser mortal cuando ven la luz de sus ojos serenos, como dijo Miguel Ángel de Vittoria Colonna; nuestros pensamientos se desvían hacia las cosas mortales y nos preguntamos quizá, ¿se ha marchado su amante o está por llegar?, o ¿que desgracia predestinada ha ensombrecido sus ojos? Si se pinta el mismo rostro y colocamos una rosa etérea o una rosa de oro cerca de ella, pensamos en sus hermanas inmortales, Piedad y Celos, y en su madre, la Belleza Ancestral, y en sus nobles parientes, las Órdenes Sagradas, cuyas espadas tocan una música constante delante de su rostro. El místico sistemático no es el mejor de los artistas, pues su imaginación es demasiado grande para limitarla a un cuadro o a una canción, y porque sólo la imperfección en el espejo de la perfección, o la perfección en el espejo de la imperfección, deleita nuestra flaqueza. Por cierto, existe un místico sistemático en cada pintor o poeta, como Rossetti, que se recrea en el simbolismo tradicional, o como Wagner, que se complace en un simbolismo personal; y estos hombres a menudo caen en trance o sueñan despiertos. Su pensamiento vaga de la mujer, que es el Amor mismo, a sus hermanas y antepasados y hacia todo el gran cortejo, y una belleza tan augusta se mueve ante su mente, que olvidan las cosas que se mueven delante de sus ojos. William Blake, que fue el que anunció el nuevo amanecer, ha escrito: Si el espectador pudiera entrar en una de esas imágenes de su imaginación, acercándose a ellas en el carro fogoso de su pensamiento contemplativo, si... pudiera convertirse en amigo y compañero de una de esas imágenes de la fantasía, que siempre lo indujeron a que dejara las cosas mortales (como debemos saber), entonces podría levantarse de la tumba, encontrar al Señor en el aire y sería feliz. Y luego dice: El mundo de la imaginación es el mundo de la eternidad. Es el seno divino al que todos iremos después de la muerte del cuerpo vegetativo. El mundo de la imaginación es infinito y eterno, mientras que el mundo de la generación o de la vegetación es finito y temporal. Existen en ese mundo eterno las realidades eternas de todas las cosas que vemos reflejadas en el cristal vegetal de la Naturaleza. 

Todo visionario sabe que el ojo de la mente pronto llega a ver un mundo caprichoso y variable, que la voluntad no puede modelar o cambiar, aunque sí evocarlo y ahuyentarlo otra vez. Hace un momento cerré los ojos y un grupo de personas con ropas azules pasó rápidamente a mi lado, en medio de una luz enceguecedora, y desapareció antes de que yo alcanzara a ver algo más que pequeñas rosas bordadas en los bordes de su vestidos; confusamente distinguí ramas de manzano en flor en algún lugar más allá de ellos, y reconocí a uno del grupo por su negra barba cuadrada y rizada (2). A menudo lo he visto; y una noche, hace un año, le hice unas preguntas, que me contestó enseñándome unas flores y unas piedras preciosas, cuyo significado yo ignoraba; parecía un alma demasiado perfeccionada para cualquier conocimiento que no pudiera expresarse en símbolo o en metáfora. 
¿Era él y sus compañeros vestidos de azul, y los que se le parecen? Las realidades eternas de las que somos el reflejo en el cristal vegetal de la Naturaleza, o un sueño momentáneo? Responder a esta pregunta implica tomar partido en la única controversia en la que vale tanto la pena hacerlo, y en la única tal vez que quizá no se decida nunca. 

1898 


(1) Hermes: mit. griega, mensajero de los dioses, hijo de Zeus y Maïa, según Hesíodo. Los neoplatónicos hicieron de él, bajo el nombre de Hermes trimegisto, el dios de las revelaciones. Asimismo al Dios egipcio Tot, y al Mercurio de los romanos, creó y organizó el universo, fue el inventor de la escritura, las artes y las ciencias. (N. del T.) 

(2) No he querido significar que esta visión, en especial, tuviera la intensidad de un sueño o la d esos cuadros que desfilan ante nosotros cuando estamos entre el sueño y la vigilia. Había aprendido, lo mismo que mis compañeros de estudio, a dejar libre la imaginación o voluntad, para que pueda seguir su propia ley e impulso, tal como se describe en The Trembling of the Veil, 1924.


(William Butler Yeats: Ideas sobre el bien y el mal, Madrid, 1975)


El Arte de la Rivalidad.

Amistad, traición y ruptura en el arte moderno

Sebastian Smee

(Traducción de Federico Corriente. Taurus. Madrid, 2017)

JOHN WILLIAMS |
Francis Bacon y Lucien Freud, una de las cuatro “amistades peligrosas” del libro
Un famoso retrato de Francis Bacon robado descaradamente de la pared de un museo; Manet apuñalando una imagen de su esposa pintada para él por Degas; Lucien Freud declinando una invitación de boda porque se encontraba “en la inusual circunstancia de haber tenido relaciones sexuales no solo con la novia, sino también con el novio y con la madre de este”.

Jugosos detalles como estos salpican el nuevo libro del crítico de arte y ganador del premio Pulitzer Sebastian Smee, nacido en Sidney. Sin embargo, en El arte de la rivalidad -un estudio sobre las tensiones creativas inseparables de cuatro amistades entre artistas-, el autor, en el fondo, persigue algo más sutil aunque no menos apasionante. En una cautivadora introducción, Smee dice de su proyecto: “La idea de rivalidad no es el estereotipo de los machos enemigos declarados, competidores acérrimos empecinados en su rencor, que luchan sin cuartel por la supremacía artística y mundana. Antes bien, es un libro sobre la disposición a ceder, la intimidad y la actitud abierta a la influencia. Un libro sobre la receptividad”.

El vocabulario y el espíritu de estas dos últimas frases me recordaron los escritos de Adam Phillips, así que no me sorprendió descubrir que, más adelante, el autor citaba El regalo de Judas, un ensayo de Phillips que le había “inspirado y estimulado”. En él, Phillips decía: “En algún lugar de nosotros mismos, relacionamos ser amados con ser traicionados, y ser traicionados con crecer”.

Según Smee, los temperamentos divergentes de estos artistas se entrecruzaron en ciertos momentos clave, dando como resultado avances estilísticos a través de cierta combinación -aunque fuese inconsciente- de irritación, celos y autoanálisis. Al complejo análisis de Smee no le hace ningún favor su búsqueda de un denominador común a los cuatros casos. Aun así, sigue siendo sorprendente que, en todos, uno de los artistas envidiase la audacia y la impulsividad casi animal del otro, su rapidez para actuar.

Lucien Freud “trabajaba afanosamente” en su cuadros durante semanas y meses con “minuciosidad paciente y concentrada”, mientras que su amigo Bacon lo hacía “sumido en la agonía del cambio y la emoción intensa, de la furia, la frustración y la desesperación”. (“Su obra me impresionaba”, decía Freud de Bacon, “pero su personalidad me afectaba”). En una ocasión, Degas dijo de Manet: “Todo lo que hace le sale bien a la primera, mientras que a mí me cuesta un trabajo infinito y nunca consigo que quede bien”. Matisse se pasaba la vida “protegiéndose del caos”, dice Smee. Picasso, al contrario, “se encontraba a gusto en la colisión y el conflicto”. De Kooning tenía tendencia a hacer “infinitas revisiones y correcciones”. Pollock podía destrozar una ventana o la cara de alguien en cualquier momento.

En estas relaciones, las tensiones eran implícitas pero ostensibles. A pesar de sus evidentes impulsos competitivos, De Kooning Pollock disfrutaban de “una ruda camaradería y de una sincera admiración mutua”. Aparentemente, a todo el mundo le gustaba mucho Manet, incluido a Degas, pero Smee sostiene la tesis de que tal vez Degas captase con excesiva precisión el tedio del matrimonio de Manet, lo que provocó que este último arremetiese contra el lienzo.

El capítulo dedicado a Matisse y Picasso ofrece toda la adrenalina que uno espera de las rivalidades. El resto de este absorbente trabajo se lee como una obra de historia del arte con mayúsculas. El autor califica el periodo de intensa influencia entre Matisse y Picasso de “drama sin igual en la historia del arte moderno”, aunque “, durante un tiempo sorprendentemente largo, Matisse no acabó de darse cuenta de que había participado en esa lucha”.

Asistimos a un auténtico combate, con Picasso, que entonces estaba a mediados de la veintena y era 12 años más joven que Matisse, empujándose a sí mismo, y, más tarde, a Matisse, a dar los saltos de crecimiento que los convertirían en gigantes. Picasso dejó a medias el cuadro El abrevadero cuando vio La alegría de vivir de Matisse, más atrevido que el suyo. Desnudo azul (Recuerdo de Biskra), de Matisse, “obligó a Picasso a repensar radicalmente lo que estaba haciendo” mientras trabajaba en el que llegaría a ser su revolucionario Las señoritas de Aviñón. Cuando lo acabó, Matisse supo que Picasso era “un innovador electrizante”, alguien “de quien aprender”.

El talento de Smee como crítico salta a la vista. Al tratar del arte en sí mismo, el autor es gráfico y convincente, como cuando describe “la concentración maliciosa” de Freud “en la piel húmeda y con manchas y en la carne fláccida” en cuadros “crudos y rubefactos”. Asimismo, es lo bastante erudito para añadir, por ejemplo, una nota sobre cómo la situación social en Francia contribuyó a la aparición de la novela policíaca. El arte de la rivalidad hunde sus raíces en una teoría celosamente observada, pero deambula de una manera orientada al lector no especialista, en parte colección de biografías breves, en parte historia del arte en sentido más amplio. Su lectura puede tener como consecuencia un carrito a rebosar la próxima vez que usted vaya a la librería. Los cuatro capítulos están repletos de contenido, pero sus protagonistas desbordan con mucho el incisivo retrato que el autor hace de ellos.

Además de despertar el deseo de leer las biografías completas de sus ocho personajes principales, El arte de la rivalidad suscita una curiosidad todavía más profunda por una serie de personajes secundarios, entre ellos Baudelaire, Gertrude Stein, Peggy Guggenheim y Lee Krasner.

Uno cierra el libro satisfecho y, al mismo tiempo, hambriento de saber más sobre el arte, sus creadores y mecenas, y de las relaciones que fecundaron el terreno para los momentos pasados ante el lienzo.