8/29/2018

Al traste con esa mala imagen de los neandertales


Oda al neandertal que llevamos dentro

La convivencia entre el Homo Sapiens y los Neandertales es el objeto de análisis de José Manuel Sánchez Ron. "Poseían rasgos culturales parecidos y mantuvieron relaciones sexuales fértiles", explica el académico, que se basa en los estudios más recientes de Svante Päabo y su equipo.


POR JOSÉ MANUEL SÁNCHEZ RON 

Familia neandertal. Del libro Mi primer libro de la Prehistoria (Espasa), de J. L. Arsuaga y Sonia Cabello

La historia de la evolución humana, de cómo llegamos a ser la especie que somos y con qué otras especies ahora extintas estamos emparentados, es fascinante y extremadamente compleja. Para desentrañarla dependemos en primer lugar del análisis morfológico -y ahora también del genético- de los fósiles de esas especies ancestrales que pudieron existir (y éstos no abundan) que, en general, aparecen de forma fragmentaria. El árbol genealógico del que somos una rama está resultando ser muy frondoso; además, muchas ramas distan de mostrarse nítidamente separadas unas de otras. Un punto de divergencia particularmente importante tuvo lugar cuando nuestros ancestros se separaron de chimpancés y bonobos, algo que se estima sucedió en África hace entre ocho y cinco millones de años. A la rama que nació entonces, ya bípeda, se le suele denominar “homininos” y no se sabe realmente cuál fue la especie que inauguró el grupo. Menos dudas ofrece la pertenencia a él de los australopitecinos, que surgieron hace 3 o 4 millones de años, aunque todavía poseían algunos rasgos de los chimpancés (como la capacidad craneal y la morfología dental).

El género Homo, el linaje al que pertenecemos, apareció probablemente hace entre 1,8 y 2,3 millones de años y entre sus características figura que se alimentaban en parte de carne (los australopitecinos eran básicamente vegetarianos) y que poseían un cerebro de mayor tamaño. La aparición de este rasgo se vio favorecida por el consumo de carne, un alimento con mucho más contenido energético (proteínas y grasas) que los vegetales, ya que nuestro cerebro es el órgano que más aporte energético necesita: le corresponde entre el 2 y el 3 % del peso corporal de un humano, pero consume en torno al 20 % de la energía total que necesitamos (la energía media que utiliza el cerebro de los mamíferos es del 5 %, y de los chimpancés el 13 %).

En ese sutil rompecabezas de piezas muy diversas que es el género homo, también intervino la habilidad de utilizar herramientas, con las que actuaban bien como carroñeros de los restos que dejaban otros animales más fuertes o, más tarde, como cazadores. Las variaciones que ha experimentado el clima terrestre, con bajadas y subidas notables de temperaturas y, subsiguientemente, notables variaciones en el nivel de los océanos, constituye otro elemento esencial a la hora de reconstruir la historia de nuestros ancestros. Es bien sabido, por ejemplo, que la disminución de la extensión de los bosques africanos en los que vivían, bien adaptados, nuestros simiescos ancestros protohumanos, y la subsiguiente aparición de extensas zonas de sabanas, favoreció la aparición y desarrollo de especies bípedas, que al caminar erguidas podían desplazarse y otear el horizonte mejor.

Una de las especies del género homo que apareció antes que la nuestra, homo sapiens, es la de los famosos neandertales, cuyos primeros restos fósiles -un cráneo y algunos huesos- se encontraron en 1856 en una pequeña cueva de una cantera del valle alemán de Neander, a unos diez kilómetros al este de Düsseldorf (el nombre, neandertal, proviene de que el sufijo ‘tal' es ‘valle' en alemán). Recuerdo perfectamente que durante mucho tiempo se consideraba a los neandertales seres primitivos, que vivían en Europa y Asia occidental como bestias y con los que los homo sapiens -seguramente los responsables de su extinción, hace aproximadamente 30.000 años -no teníamos nada que ver, aunque hubiésemos tenido un ancestro común (posiblemente fue hace entre 400.000 y 300.000 años cuando neandertales y sapiens tomaron caminos evolutivos diferentes).

El progreso de la ciencia ha dado al traste con esa mala imagen de los neandertales, sobre todo la ciencia genómica -estrictamente la paleogenómica- que, con justicia se ha visto recompensada recientemente con el Premio Princesa de Asturias de Investigación Científica y Técnica 2018, adjudicada al sueco Svante Päabo, director del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva de Leipzig, “por haber desarrollado métodos precisos para el estudio del ADN antiguo que han permitido la recuperación y el análisis del genoma de especies desaparecidas hace cientos de miles de años”.

El resultado más conocido de las investigaciones de Päabo ha sido, precisamente, la secuenciación del genoma de los neandertales, una tarea extremadamente difícil, que él mismo explicó en un magnífico libro -aunque en muchas partes, algo técnico- que Alianza Editorial publicó en 2015: El hombre de Neandertal. En busca de genomas perdidos. Y lo que encontró - y publicó con sus colaboradores en 2010- es que el genoma de los humanos actuales contiene en torno al 2 % (hoy se estima que puede llegar el 4 %) de genes de neandertales; de hecho, y como no todos los humanos conservan los mismos fragmentos genéticos de neandertales, si se reúne un grupo numeroso de humanos, es posible encontrar en el conjunto entre el 35 y el 70 % del genoma neandertal. En otras palabras, neandertales y homo sapiens mantuvieron relaciones sexuales fértiles.

Hallazgos paleontológicos han mostrado, asimismo, que los neandertales poseían rasgos culturales parecidos a los de los sapiens ancestrales, como son la utilización de utensilios o de adornos corporales. Incluso parece que eran capaces de hablar; al menos así se deduce del hecho -lo sabemos, de nuevo, gracias a la genómica- de que compartimos con ellos el gen FOXP2, que está relacionado con el lenguaje (también compartimos genes que controlan el olfato, la visión, el sistema inmune y la contracción muscular). Es, en este sentido, bastante desafortunado que para la versión en español del libro de Sang-Hee Lee y Shin-Young Yoon que Debate acaba publicar, se haya elegido el título, de tintes despectivos, ¡No seas neandertal!, cuando su título original es Close Encounters with Humankind (Encuentros estrechos con la humanidad). Desafortunado por demás ya que su contenido (es un libro interesante y accesible) desmiente rotundamente semejante título. (La bibliografía “neandertaliana” en español es, por cierto, abundante. Recomiendo Palabras en el tiempo, de uno de los mejores especialistas españoles en paleogenómica, Carles Lalueza-Fox, y El sueño del neandertal, de Clive Finlayson, ambos publicados por Crítica.)

Saber todo esto refuerza la (saludable) lección que nos enseñó Charles Darwin, en este caso en lo que se refiere a los homininos: formamos parte de un gran entramado biológico. Parece que poseemos habilidades que otras ramas bípedas no tuvieron, pero al menos estamos emparentados con una de ellas(seguramente lo estaremos con más). Que tomen nota los racistas, xenófobos y compañía, de viejo o nuevo cuño.
 



TERTULIA ABIERTA DE POESÍA CHINA.

TODOS LOS JUEVES EN EL PALACIO DE LA CULTURA RAFAEL URIBE, URIBE, CONTINUAREMOS CON NUESTRAS SESIONES (DE 6 A 8 PM) DEL TALLER DE POESÍA. EL TEMA; LOS POETAS CHINOS DE LA NATURALEZA: LI PO, TU FU, WANG WEI Y HAN SHAN. ESTÁN, SIEMPRE,SIENDO CONVOCADOS E INVITADOS!!!

6/26/2018

Opinión sobre la pornografía. (Poema)

Wislawa Szymborska - 

 

Wislawa Szymborska - Opinión sobre la pornografía


No hay mayor lujuria que el pensar.
Se propaga este escarceo como la mala hierba
en el surco preparado para las margaritas.

No hay nada sagrado para aquellos que piensan.
Es insolente llamar a las cosas por su nombre,
los viciosos análisis, las síntesis lascivas,
la persecución salvaje y perversa de un hecho desnudo,
el manoseo obsceno de delicados temas,
los roces al expresar opiniones; música celestial en sus oídos.

A plena luz del día o al amparo de la noche
unen en parejas, triángulos y círculos.
Aquí cualquiera puede ser el sexo y la edad de los que juegan.
Les brillan los ojos, les arden las mejillas.
El amigo corrompe al amigo.
Degeneradas hijas pervierten a su padre.
Un hermano chulea a su hermana menor.

Otros son los frutos que desean
del prohibido árbol del conocimiento,
y no las rosadas nalgas de las revistas ilustradas,
pornografía esa tan ingenua en el fondo.
Les divierten libros que no están ilustrados.
Sólo son más amenos por frases especiales
marcadas con la uña o con un lápiz.



Agata Kristof comenzó como poeta y terminó como poeta.

Agota Kristof
Por Alejandro Oliveros. 

Agota Kristof pertenece a lo que podríamos llamar la “Generación del ’56” de escritores húngaros. Todavía niños al final de la Segunda Guerra, recordaban el terror de la invasión alemana de 1944 y la aún más terrorífica ocupación soviética. Una experiencia compartida con los países de la ominosa Cortina de Hierro. Sólo que agravada por el resentimiento de Stalin y las autoridades soviéticas, que no le perdonaban a Hungría haberse sumado a la alianza del Eje al final la guerra. La “dictadura del proletariado”, con todos sus rigores, se estableció en el país con la colaboración de la dirigencia comunista húngara. La oposición de grandes sectores de la población estudiantil y trabajadora, estimuló una protesta que llevó al gran enfrentamiento que se produjo en otoño de 1956, tres años después de la muerte de Stalin. Lo que comenzó con manifestaciones estudiantiles en Budapest, habría de extenderse hasta provocar la sangrienta respuesta soviética que dejó, con su invasión, más de 33.000 víctimas fatales, varios millares de heridos y provocó la salida de más de 200.000 refugiados en aquel frío noviembre del ’56.

Entre los refugiados, un activista político huyendo de una segura prisión, su esposa, y su hija de apenas cuatro meses. En la noche oscura del bosque, iluminada apenas por el resplandor de las explosiones, en medio de un silencio fracturado por el ruido de las ráfagas y disparos, la reducida familia, con un grupo de otros emigrantes, se dirigió a la frontera con Austria. Los riesgos no eran desconocidos, la transgresión seguramente sería penalizada por nuevos fusilamientos. Al final de la noche suspendida llegaron al vecino país, donde fueron tratados con generosidad por los austríacos. Algunas semanas después la familia se trasladaría a Suiza, a Neuchâtel, donde la joven madre encontraría trabajo en una fábrica de relojes, por supuesto. Su nombre, Agota Kristof, y ella misma refiere la circunstancias de su exilio en La analfabeta, el más breve y, seguramente, más intenso libro de memorias publicados a finales del novecientos:
La cosa extraña es que son pocos los recuerdos que tengo de todo esto.como si todo hubiese sido un sueño o sucedido en otra vida.Como si la memoria se negase a recordar el momento en el cualHabía perdido una parte importante de mi vida.En Hungría dejé mi diario y mis primeros poemas. Allí dejémis hermanos y mis padres, sin avisarles, sin decirles adiósni despedirme. Pero, sobre todo, ese día, ese día de fines denoviembre de 1956, perdí definitivamente mi pertenenciaa un pueblo. Cómo sería mi vida si no hubiese abandonadomi país? Más dura, más pobre, creo, pero menos solitaria,menos lacerada, a lo mejor feliz.

En una entrevista a sus setenta años, Kristof, como en tantas otras oportunidades, volvió sobre el tema, con una reflexión que debería ser meditada por todos los que se asoman a la posibilidad del destierro:
 A menudo pienso en eso. Creo que allí (en Hungría) habría sidomás feliz. La gente es más cordial. Tal vez habría escrito más. Aquí pasédoce años sin poder escribir. En francés no podía y el húngarose me iba perdiendo. Y la fábrica… Aunque peor que la fábricafue luego trabajar en la consulta de un dentista. En un sitiono se podía hablar, en el otro no paraba… Mi marido se empeñóen que nos fuéramos. Muchas veces he pensado que más habríavalido que él hubiera pasado dos años en la cárcel que yocinco en una fábrica. Suiza me parecía desierto. La pasé mal.

La fortuna literaria de Kristof comenzó en1986, cuando su primera novela, escrita en francés, después de ser rechazada por Gallimard, fuera publicada por Du Seuil. La aceptación fue unánime y las traducciones a los principales idiomas no se hizo esperar. El gran cuaderno fue como la tituló y es una trilogía que completan otros dos títulos: La prueba La tercera mentira. La historia que se narra, en el medio de una guerra indeterminada, cualquiera y todas, la protagonizan unos gemelos que son llevados por la madre a vivir con la abuela, una de las tantas reminiscencias bernhardianas, una vieja bruja, “avara, sucia y desalmada”. La escritura, “limpia y seca”, como escribió Roseta Loy, desconcierta desde las primeras páginas:

Nuestra Abuela es la madre de nuestra Madre. Antes de llegar a vivircon ella no sabíamos que nuestra Madre también tuviera una madre.La llamamos Abuela.La gente la llama la Bruja.Ella nos llama hijos de puta.La Abuela es menuda y flaca. Lleva un pañuelo negro en la cabeza. Susvestidos son gris oscuro. Usa unas viejas botas militares. Cuando hacebuen tiempo camina descalza. Su rostro está cubierto de arrugas, manchas oscuras y verrugas de donde salen pelos. No tiene dientes, al menos nose le ven. ( Einaudi, pag.8)

 Le sucederían otras novelas igualmente difundidas y traducidas. Una de ellas, Ayer, fue llevada al cine bajo la dirección de Silvio Soldini. Mientras sus obras de teatro se representaban en distintos festivales europeos.
Agata Kristof comenzó como poeta y terminó como poeta, a pesar de la conocida fortuna de narraciones y dramas. Nunca dejó de lamentar el extravío de sus poemas de juventud y dedicó, imagino que infructuosamente, parte de sus desvelos a reescribirlos. Al final de su existencia, cuando ya había dejado atrás el interés por la escritura, se ocupó de reunir todos sus poemas en un libro con un nada inesperado título: Clavos. Casi todos, menos ocho, escritos en húngaro (el resto de su producción narrativa y dramática, la redactó en en francés, la “lengua enemiga”) y cuya publicación, por razones no del todo conocidas, tuvo que esperar hasta 2016, cinco años después de su muerte. En su mayoría textos breves, son una muestra elocuente de la característica dicción de Krisrof: directa, parca, telegramática, post-becketiana, sin concesiones y pocos adjetivos. Sus asuntos son los de siempre: la soledad, el desaliento, la enfermedad, el abandono, la pérdida irremediable de la infancia, la familia paterna, el país y, sobre todo, la lengua, “il parlar materno”. Las líneas conmovedoras del malogrado poeta español parecen escritas para ella: “No perdono a la vida desatenta, / no perdono a la tierra ni a la nada”. Ese día del invierno del ’56, cuando abandonó para siempre la Hungría natal, la vida terminó para Agota. Lo que comenzó esa jornada, a sus veintiún años, era otra cosa; vida también, si se quiere, pero desdichada y desterrada, y ya se conocen las inevitables afinidades entre el exilio y la muerte. Sin embargo, esa escritura a la que quiso renunciar, y lo hizo, fue para ella, como en el caso de Thomas Bernhard, su venerado maestro, terapia y cura, alivio y salvavidas:

NO MORIR
No morirno todavíaes demasiado rápidoel cuchillo, demasiadorápido el venenoTodavía me amoamo mis manosque fuman que escribenque sostienen el cigarrillola plumael vaso.Amo mis manos que tiemblanque lo limpian todoque se mueven.La uñas siguen creciendomis manos me ponenlos anteojospara que siga escribiendo.

(Chiodi. Ed. Casagrande 2018. Trad. AO)
La experiencia del destierro, tan urgente entre nosotros, la vida incompleta de los refugiados, el desgarramiento de la separación y la ausencia, la amenaza inminente de nuevas deserciones, el silencio de las calles, el desteñido del cielo, el frío de la mesa, se reitera en toda la obra de Kristof. Sus poemas son cantos a un país perdido, cartas de amor desesperado a una borrada geografía. La nostalgia amorosa no es la menos terrible y Kristof, como todo desterrado, fue una de sus víctimas.

INCLUSO TÚ
La luz se apagónada tiene sentidosin forma las figuras se alarganhasta mi corazón que ahora pronuncia la palabraque entre golpes y miedosno podía pronunciar
En las inmóviles calles sin vidaun hombre caminaba bajo la lluviay lloraba, recuerdas.
Dónde has terminado amor míono me atrevo a mirarteasí de dura es la distanciaentre los dosy sin embargo te sigo buscandoNegra y amorfacamino por la ciudadde quienes son felices en pueblosmajestuosamente silenciososdonde nadie me conoceme detengo en umbrales extrañosy apoyo la frente en puertas cerradas
En las inmóviles calles sin vidaun hombre caminaba bajo la lluvia y lloraba
Recuerdas nuestras dudas
Las tardes blancas y silenciosasse alejaban volandoy me sentaba en los bancos de siempremirando el agua segurade que incluso tú te habías marchado.
(Ibid)

La lírica de Kristof, ajena al confesionalismo de la poesía norteamericana de su tiempo, y al hermetismo de sus contemporáneos europeos, incluyendo a sus reverenciados Beckett y Bernhard, en su kafkiana transparencia, mantiene una estimulante contemporaneidad. Su sintaxis sin exhibicionismos y su insistencia en la comunicación poética, es la de este siglo XXI. La manera más adecuada de expresar el dolor de la vida perdida y la inseguridad de una existencia adquirida, a desgano, más allá del país de la infancia.

1/24/2018

LO ERÓTICO-AMOROSO EN LA POESÍA COLOMBIANA

A conjurar la palabra!

Todos los jueves hay taller de 6 a 8 en P.M   -Palacio de la Cultura-

LO ERÓTICO-AMOROSO EN LA POESÍA DE BARBA JACOB, LEÓN DE GREIFF Y JORGE GAITÁN DURÁN.

Genial tema que nosotros tenemos por aprender... TODOS invitados!

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Corporación MECA Escritores, estudia e indaga diversos escritores de las letras y la poesía. Dirigido por el poeta y ensayista Raúl Hénao. 


Conjuramos el encuentro con la palabra todos los MARTES: 6 A 8 pm PALACIO DE LA CULTURA RAFAEL URIBE URIBE. (Primer piso,Biblioteca principal) EN FRENTE DEL HOTEL NUTIBARA 
Medellín.


Canales Virtuales: 



1/20/2018

UNA POÉTICA SIN VIDAS SEMEJANTES.

Tres poemas del Cuaderno de Milán.


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POR Alejandro Oliveros





Milosz en Berkeley
“No sé cuántos vodkas habré tomado hoy.
Ya no tengo la resistencia de mi juventud,
cuando el sol llegaba a diario a mi puerta
y las flores perfumaban cada mañana.
Entonces no me deprimía, como ahora,
y las reuniones terminaban a menudo
en excesos y sexo. Así encontré aquel
pubis dorado de una de mis estudiantes;
una estrella brillando al final de superficies
turgentes y sedosas. Una casa iluminada,
con sus patios y zaguanes, acaso la única
que ha estado para mí. He debido morir
allí mismo, a los pies de ese cuerpo
más amable y ondulado que mi Lituania natal”.
Milosz termina el último trago
de esta tibia noche de primavera.
En Berkeley, los cerezos han florecido
tardíamente. “Así era en Latvia, al menos
ese año, hace ya tanto tiempo.
¿Que estará haciendo a esta hora
mi lituana y dulce Sveta de ajenjo y anís,
ahora que llega la tristeza de abril?”
Fue un error no haber muerto ese día,
con la boca llena de hebras de oro.
***
Nirgua 1960
Llévalo a dar una vuelta”, le dice
mi padre al chofer, mientras se instala
en una mesa del Hotel Nirgua.
Mi primera visita a la ciudad paterna.
“Esta era la casa de ustedes”, y el hombre
señala un caserón abandonado en una esquina
de la Plaza Bolívar. “Una vez, tu abuelo
se trajo de Valencia un pintor italiano
para que le pintara las paredes
como una iglesia. A tu papá
no le gusta hablar de estas cosas”.
En el pueblo, viejas construcciones
con nuestro apellido, el liceo, el hospital; obras
de un misterioso antepasado, presbítero y médico.
Nirgua era la espina en el corazón
de mi padre; no volvería a verla
después de su apresurada mudanza.
Atrás, quedaban la ruinas del reino
que estuvo para él: los reflejos
de azules bosques en el ojo de su pony;
el brillo de imaginarias vetas de oro
en las orillas del río; las estrellas
en las altas ramas del mango.
“Tu abuelo tenía muchas tierras
sembradas de café y tabaco,
pero todas las perdió jugando ajiley,
de todo eso, no les quedó ni una teja”.
Regresamos a Valencia, el silencio
era lo único que yo escuchaba
en los valles y colinas de mis doce años.

Reyes Magos
 A hard time we had of it.                                                                                  S. Eliot
Alessandro se va a la cama después
de dejar en la puerta tres platicos rojos
con panetón y leche para los Reyes Magos.
Afuera, el creciente ilumina
la gélida noche milanesa. Mañana
descubrirá que, aprovechando
su ausencia, y la brillante luna de enero,
los monarcas pasaron y dieron cuenta
de la merienda. Los Reyes Magos
de Alessandro siempre tienen hambre.
Después de todo, fue un largo viaje
que incluyó procelosos mares, montañas
nevadas y el río Po con sus arrozales.
Además, no contaban con los altos
precios de las posadas, la avidez
de los comerciantes, y la indiferencia
de una gente que no sabe de apariciones
ni epifanías. Justo en lo peor del invierno.
Alessandro abre sus regalos, mientras
los tres sabios regresan a sus reinos,
convencidos de que será aquí, en Milán,
donde un día sus camellos descansarán.

11/28/2017

SOBRE MIEDOS Y DESHUMANIZACIONES



SOBRE MIEDOS Y DESHUMANIZACIONES 



Descripción: Carlos Fajardo 1


CARLOS FAJARDO FAJARDO*

El destierro del concepto de dignidad en el capitalismo depredador actual, junto a la desaparición casi abrupta de una concepción humanista, han legitimado la corrupción política y la atroz anti-ética empresarial mercantil; un cinismo galopante y creciente, la perversa ideología de la mentira como dispositivo de manipulación social y la desinformación masiva en los medios de comunicación. Como resultado tenemos la liquidación del sentido humanístico y la imposición de valores ecónomos, datos bursátiles y estadísticos. En medio de todas estas estrategias, el neoliberalismo globalitario genera nuevos miedos que coaptan las libertades individuales, paralizan las autonomías personales, en tanto que, como una trampa más, impiden arriesgarse a ser libres de terrores infundados. Miedo a perder el empleo, a la pobreza, al terrorismo, a las invasiones de inmigrantes,  al multiculturalismo global que genera pérdidas de identidad… En fin, son miedos que desaparecen el sentido de solidaridad, de respeto, alteridad, dignidad y de congregación con el semejante. A cambio, los miedos imponen individualismos, egoísmos, competitividad, mentalidades de salvación personal y una agorafobiacreciente y antisocial.

La puesta en marcha de ciertos sentimientos emotivos, sensacionalistas, resucitan las viejas tácticas y técnicas de los fascismos del siglo XX. El destierro de la dignidad humanizante y solidaria es evidente cuando se ubica en los escenarios mundiales al miedo como entidad óntica, suprema, cuyos propósitos son beneficiar a unos pocos, desterrando del bienestar a la mayoría, víctima de paranoias infundadas.

En Europa y Estados Unidos, por ejemplo, se han expandido los miedos a la amenaza de “invasiones bárbaras” provenientes de países del tercer y cuarto mundo, lo que genera cada día más exclusión al extranjero, más rechazo al diferente y una potencialización peligrosa de los nacionalismos neofascistas. El destierro humanista se hace patético. Los inmigrantes son los nuevos enemigos y una oportunidad para que las ultraderechas se fortalezcan y legitimen su ascenso al poder. La xenofobia asume puesto de honor en estas cartografías geo-políticas. El racismo se establece como un arma para rechazar la amenaza de invasión de lo extranjero y diferente. Europa y Estados Unidos explotan estos miedos, los exageran y amplían a todas las clases medias, que como tal se sienten amenazadas y ven su protección en los discursos populistas discriminatorios.

Ante el miedo a los inmigrantes extranjeros y desplazados internos–diríamos desterrados-; frente a la barahúnda de gente “rara” copando los espacios cotidianos -antes aparentemente “tranquilos” y “apacibles”-, se eleva una voz de protesta y de indiferencia antisocial que ignora las circunstancias políticas y las tragedias humanitarias que han llevado a tal situación. La opinión mediática se ha encargado de dicha des-educación sobre los verdaderos causantes de estos destierros masivos; ocultan que el neoliberalismo y el neocolonialismo, con su atroz maquinaria devastadora, fabricante de guerras y de pobreza, son los culpables de tanta degradación humana. Los nacionalismos antirracistas, entonces, son caldo de cultivo para unas derechas chovinistas, que han construido como enemigos a los recién llegados, a los despojados, a los sin Estado, sin patria, sin lugar ni techo. Son la plaga que trae la “peste” contemporánea, los “malditos”, portadores de malos tiempos; por tanto, no serán nunca bienvenidos.

Se trata de estigmatizar al otro por diferente, volverlo extraño, anormal, víctima; hundir su palabra y su discurso en el silencio, callarlo a través del ninguneo y la invisibilidad, no aceptarlo, no escucharlo, no admitirlo, odiarlo; señalarlo como culpable social, como indeseado; llevarlo al exilio, a su desaparición y partida definitiva.

Vivimos con estos miedos tanto en el llamado primer mundo como en el ahora denominado “sur-global”. Miedo existencial como hecho cultural. Es la consecuencia de la creación, por parte de los acaudalados del mundo, de supuestos causantes de todas nuestras desgracias -llámese terrorismo real y ficticio, Irán, Siria, chavismo venezolano y gobiernos progresistas-, montajes que los neofascismos y las derechas latinoamericanas y mundiales construyen para justificar la mayor agresión política, económica y mediática que se haya visto en las últimas décadas. Es una vuelta a crear demonios y monstruos, como lo fueron en la guerra fría la URSS, China, Cuba y los países socialistas; un retorno a instaurar el miedo, metódica y sistemáticamente, so pretexto de fortalecer la seguridad nacional y defender la democracia. Entonces, paralizando a los ciudadanos con infundados terrores, enjuiciando y desechando a los problemáticos, el neoliberalismo prepara y ajusta sus armas, tiene su camino de rentabilidades financieras y de privatizaciones asegurado.
El miedo marcha por oficinas y corredores, inunda las salas de reuniones burocráticas, viaja y calla la boca de los lúcidos, paraliza las voces de los que sólo viven para satisfacer a sus “jefes”. Cuánta tranquilidad trae para los déspotas; cómo garantiza la continuidad en su puesto al neo-esclavo. Es un miedo grávido, pesado, que teme a la levedad, a la risa, a la ironía, al desenmascaramiento. Es el miedo a la profanación del templo. El estatismo es su sino, pero para aquel que lo desafía, el destierro será su condición.

“El capitalismo es amoral y no entiende el concepto de dignidad humana”, ha escrito Boaventura de Sousa Santos; es una máquina trituradora de seres, que impone “una cultura del miedo, del sufrimiento y de la muerte para las grandes mayorías”. Sin embargo, “es posible luchar contra la supuesta fatalidad del  miedo”.1 Esa lucha debe ser conducida, según de Sousa Santos, por tres palabras guías: democratizar, desmercantilizar, descolonizar. Tres palabras claves como propuestas sociales para hacerle resistencia y re-existir a las lógicas del capital financiero, a su desarrollismo lucrativo mordaz, el cual destierra las ideas de justicia, democracia participativa y equidad  social2.
Sumergidos en la sociedad de la acumulación y concentración de capitales; padeciendo las involuciones respecto a las conquistas laborales logradas en el siglo XX por las luchas sociales y sindicales; atrapados en los miedos que la “sociedad del rendimiento” (Zygmunt Bauman) genera debido a sus exigencias de sobrehumana eficacia, nos hemos vuelto seres depresivos y fracasados, autoexplotados, autoextenuados por tratar de dar la talla que exige el neoliberalismo; hombres y mujeres con un profundo sentimiento de culpabilidad por su fracaso y, al decir de Bauman, con una “insuficiencia vergonzante que los despoja de cualquier vestigio de autoestima, a lo que contribuyen su infortunio y su humillación”3. Con tales presiones y miedos a la no seguridad personal, a la desprotección por parte del Estado; cargando todo el peso como si fuéramos culpables de nuestra “mala suerte” y con el temor a que se nos considere insuficientes, ineptos, ineficaces y nada emprendedores, vivimos controlados como nuevos súbditos en la sociedad de los “rendidores”.




* Poeta, ensayista. Docente Universidad Distrital Francisco José de Caldas, Bogotá.
1 De Sousa Santos, Boaventura (2017). Trece cartas a las izquierdas. Bogotá: Ediciones desde abajo. p.51.
2 En palabras de Boaventura de Sousa, “Democratizar la propia democracia, ya que la actual se dejó secuestrar por poderes antidemocráticos (…). Desmercantilizar significa mostrar que usamos, producimos e intercambiamos mercancías, pero que no somos mercancías ni aceptamos relacionarnos con los otros y con la naturaleza como si fuesen una mercancía más. Somos ciudadanos antes de ser emprendedores o consumidores (…). Descolonizar significa erradicar de las relaciones sociales la autorización para dominar a los otros bajo el pretexto de que son inferiores: porque son mujeres, porque tienen un color de piel diferente o porque pertenecen a una religión extraña” (ibíd.  Págs. 51,52).
3 Bauman, Zigmunt. Extraños llamando a la puerta (2016). Bogotá: Paidós. Pág. 56.