9/17/2015

Lanzamiento del Libro:Una Alberca en la Luna. Raúl Henao.

El lanzamiento de este hermoso texto,  la obra más reciente del poeta, tendrá lugar en la IX fiesta del libro y la Cultura de Medellín, el domingo 20 de septiembre en el Café del Orquideorama 5 pm,  (Jardín Botánico)  





UNA ALBERCA EN LA LUNA- CIEN HAIKUS

DE RAÚL HENAO


Por: Umberto Senegal*

¿Cuántos, de quienes en Colombia han escrito haikú por curiosidad literaria, por afinidades estéticas con tal forma poética, o por atrapar en su brevedad la virtud reveladora de la síntesis, continúan fieles a dicha expresión zen del mundo y la poesía?  No creo que pasen de diez.  Chuang Tzu dice que el propósito de las palabras es trasmitir ideas, y cuando las ideas se han comprendido, las palabras se olvidan.  ¿Dónde puedo encontrar un hombre que haya olvidado las palabras?.  Con ese me gustaría hablar.  En Colombia, esta decena de poetas sabe hablar en silencio, desde el silencio y con el silencio, porque para ellos el haikú es la poesía cuya revelación sucede más allá del desfile de versos y la profusión de estrofas e imágenes.
Igual que ocurrió con algunos poetas de generaciones pretéritas en nuestro país, quienes cultivaron el haikú  sin entender su esencia, distantes del espíritu zen y taoístas del mismo, aunque escribieron docenas de estos estimulados, en su época, más por el tono occidental que le dieron sus pioneros latinoamericanos influidos por los hábitos del modernismo, la vanguardia y el postmodernismo hispanoamericanos, muchos otros poetas contemporáneos cedieron al encanto de su escritura.  De segunda y tercera manos, leyeron algo al respecto, no siempre en adecuadas traducciones ni mucho menos en su idioma original, para después olvidarse del género.  O subvalorarlo.  O considerarlos una forma menor de poesía.  Por estos  cauces fluye la historia del haikú en Colombia.
Sin embargo, no somos ajenos a la corriente mundial contemporánea del haikú. En Colombia, de manera solitaria, silenciosa e individual por cuantos aprovechan los innumerables textos zen que se traducen hoy por hoy, encontramos excepciones, como sucede con el poeta Raúl Henao.  Su larga incursión  en el haikú le ha llevado a producir una obra no muy extensa, pero sí con poemas de este corte donde se descubre a un virtuoso de la sutilidad y la nota suave, expuestas con un lenguaje poético de contornos sencillos:

En la corteza del árbol
Frases de amor
Borra  el tiempo.

Para dar cuenta de su conciencia lúcida mediante el haikú, este poeta no atiende a la ortodoxia de la pauta silábica (5-7-5), en lo cual camina al lado de centenares de poetas orientales y occidentales que no adaptan su métrica  a tal parámetro, sin que por ello se aparten de lo que podemos enunciar como la estructura interna del haikú.

Noche de junio.
Es césped
la niebla.

La experiencia poética y estética de Raúl Henao, dentro del haikú, se produce en Colombia sin el más leve ruido, sin altisonancias, a pesar de construir con su trabajo constante en el género un diáfano universo literario de tendencia espiritual, incluido de manera natural en un mundo poético formal e ideológicamente definido.  En este libro, hay  presencia cultural e investigativa, junto a preciosos destellos de intuición y sensibilidad:

Noche cerrada.
Festejan los murciélagos
en el pomar.

Como dijera Chuang Tzu:  “¿Dónde puedo encontrar un hombre que haya olvidado las palabras?”  Creo que cuando le da materialidad literaria a sus haikús, Raúl es ese poeta con quien puede uno comunicarse sin palabras.  Este es un escritor que por su poesía polifacética y polifónica; por sus búsquedas literarias y su expresión creadora que no acepta ni impone vasallajes poéticos de ninguna índole; por ese radiante luciferismo que enriquece y singulariza su obra en un país de poetas a la deriva por las palabras, por la figuración social y por el exceso de artificios, parece, a simple vista, el poeta menos apto para escribir haikú y serle fiel entre las exigencias y modas contemporáneas. Quienes seguimos su trayectoria en el cultivo del haikú, forma que frecuenta sin prisa y sin excesos desde varios lustros atrás, siguiendo el consejo de Lao Tzu: “Deja que todas las cosas prosigan su curso natural”, reconocemos en Henao a uno de los más serios, profesionales y auténticos haiyines de Colombia.  Esta recopilación de haikús suyos que anduvieron dispersos por revistas y periódicos, señala así en conjunto la virtud de su oficio en el cual su técnica artística consiste en ejercer una disciplina espontánea o una espontaneidad disciplinada, cualidad que caracteriza a Raúl cuando camina la existencia bajo la luz del haikú.  Ese reconocimiento a su oficio, ya lo hizo la poetisa y escritora griega Zoe Savina al incluir seis haikús de Raúl, con traducción al griego, en su INTERNATIONAL ANTHOLOGY HAIKU  “the leaves are back in the tree”, editado en Atenas en 2002, una de las más notables antologías mundiales del haikú publicadas en el presente siglo.
De algo tiene certeza Raúl Henao cuando escribe haikú:  Como el mundo no va a ninguna parte, no hay prisa:

Vivos o muertos
De sol
a sol.

No hay prisa para escribirlos.  No hay prisa para publicarlos.  Muchos menos para ejercer, ante la crítica o los lectores, de haiyín.  Uno de los principios importantes en el estudio  del arte zen, y en este caso en la escritura del haikú es comprender que la prisa es fatal, con todo cuanto implica para el poeta, pues no hay lugar que alcanzar.  Alan Watts, señala que  “al no apresurarse, a la vida sin finalidad no se le escapa nada, pues sólo cuando no hay meta ni precipitación los sentidos humanos están plenamente abiertos para recibir el mundo”.  Lo reconoce un poema zenrin:

Los gansos salvajes no se proponen reflejarse en el agua;
El agua no piensa recibir su imagen”.

La vida sin propósito, sus propios eventos o aquellos que observa, se convierten en el tema de este libro que expresa el estado íntimo del poeta de no ir a ninguna parte, caminar sin prisa y sin  finalidad en un momento intemporal.  El centenar de haikús que Henao selecciona de su vital producción, y que hoy comparte con quienes son capaces de distinguir  su peculiar aroma zen, prueban con holgura una vocación natural situada más allá de la simple curiosidad literaria.  En estos haikús resalta la presencia no sólo del poeta que investiga y se informa sobre los procesos y la historia de dicha poesía, sino del hombre que para escribir un haikú reconoce, con el maestro Engó, que  “si uno ve cuernos tras un seto, sabe que allí hay ganado. Si uno ve humo, sabe que viene del fuego”. Buena parte de estos poemas florecieron gracias no a la acumulación de ideas y conceptos, de teorías  occidentales y orientales sobre el haikú, ni al deseo de ser poeta o deslumbrar con la poesía, ni para ser invitado a conferencias o encuentros, sino gracias al ejercicio cotidiano y sencillo de la percepción alerta, de la disciplina espontánea y la espontaneidad disciplinada.
Me agrada pensar que los haikús de Raúl, que conozco desde la década de los años ochenta, son producto de la conversación   consigo mismo, como sucedía con el maestro Zuigán.  Relata la historia zen que todos los días el maestro Zuigán sostenía la siguiente conversación consigo mismo:

-¡Maestro!
-¿Sí?
-¡Despierta, despierta!
-¡Sí!
-En adelante, no te dejes engañar.
-Sí, sí.

Estos poemas no son ejercicios literarios o poéticos como puede entenderlos quien está poco familiarizado con tal forma del arte zen.  Cada uno de ellos, desde su profunda simplicidad, sin ceñirse a la métrica tradicional, pero en la línea de la más pura tradición, tiene las señales de alerta del maestro Zuigán:  “!Despierta!”.  Advierten al autor y al lector, recordando a uno y otro que el secreto para ver las cosas como son, consiste en deshacerse pronto de los anteojos de colores que la racionalidad, la academia y los condicionamientos ideológicos de cualquier matiz, le ponen al poeta, a todo ser humano.  Buen porcentaje de los haikús incluidos, cumplen la exigencia que anota Blyth en su  Historia del Haikú:  “Ser objetivo, sin dejar de ser subjetivo; específico, pero sin perder la amplitud; sensitivo y, con todo, espiritual.  Esta es la meta del haiku”.

El ser como es, sin nada extraordinario ni maravilloso, es la gran maravilla, admitía Sesán.  La capacidad de ver las cosas no es de poca monta: ser realmente normal es poco común. En esa normalidad, brota el haikú y  aparece desnudo, magnífico, ante la mirada del haiyín.

Arroyo de montaña.
Sus aguas me hablaban
porque callaban.

Un instante se parecen
el tiempo
y la eternidad.

Blancura del alba.
Despiertos aún.
Somos sueños.

Haikús limpios, estos de Raúl Henao.  Miradas limpias de donde las palabras huyen y escapan las imágenes para no enturbiar el satori del poeta.  Nada de pensamiento inútil   en ellos, ni de reflexiones existenciales.  Nada de análisis, de fingimientos, de intenciones literarias.  El poeta deja que el poema se resuelva solo y manifieste en sí mismo cualquiera de los cuatro estados poéticos característicos del arte y la poesía zen, a saber:
Sabi, cuando el momento expresa soledad y quietud:

En el tejado
la lluvia
¡qué callada!.

Wabi, cuando el poeta se siente triste y deprimido, y en esta peculiar vaciedad observa algo corriente y modesto en su increíble ser-tal:

Vejeces del estanque
me hablan a solas
las ranas.

Aware, cuando el momento evoca una tristeza más intensa y nostálgica, relacionada con la gradual desaparición del mundo:

¿Tanto tiempo?  No hay rastro
De la barca abandonada.
En el verdín del estanque.

Yugen, la visión súbita de algo extraño y misterioso que sugiere algo desconocido y que nunca será descubierto:

Árbol viejo del parque.
No regresaron las hojas
¡regresó el petirrojo!

Los actos venerables no admiten ornamentos.  La profundidad no admite complejidad.  ¿A dónde quieren llegar los largos poemas? El haikú está aquí y ahora, sin partir de ningún lugar, sin prisa hacia sitio alguno, sin interés en llegar, y es entonces cuando se encuentra con el poeta en idénticas situación, hermanándose en el acto creativo, unificándose en el hecho poético de la escritura.

A cada instante irreal
el instante
es la realidad.

Mientras más se adentra alguien en la belleza, más la hace suya, más se sumerge su vida en la belleza y más se acerca a la realidad, y el camino más corto para realizar tal belleza del mundo y de la vida, de la poesía, de la realidad, es el haikú.  Este libro es el fruto de tal percepción, del equilibrio de cuerpo y alma, como decía Vogelman, refiriéndose a la razón del haikú.  Ignoro por qué, para finalizar esta presentación, llegó a mi memoria el haikú de Borges.

La vieja mano
sigue trazando versos
para el olvido.



*Humberto Senegal (seudónimo de Humberto Jaramillo) Poeta, narrador y ensayista de Calarcá, Quindío Colombia. Entre sus libros publicados figuran: Desventurados los Mansos (cuentos) Ventanas al Nirvana (poesía) Pundarika (poesía Zen). Por largo tiempo dirigió la revista  Kanora.