2/16/2015

Tres selectos poemas de Constantino Cavafis


Constantino Cavafis  
Griego: 1863-1933
Poemas 
[ Textos completos ]


 Las ventanas
En estas oscuras piezas, donde paso
días agobiantes, voy y vuelvo arriba abajo
para hallar las ventanas. -Cuando se abra
una ventana habrá un consuelo-.
Mas las ventanas no están, o no puedo
encontrarlas. Y mejor quizás que no las halle.
Acaso la luz sea un nuevo tormento.
Quién sabe qué cosas nuevas mostrará.




Cuanto puedas
Y si no puedes hacer tu vida como la quieres,
en esto esfuérzate al menos
cuanto puedas: no la envilezcas
en el contacto excesivo con la gente,
en demasiados trajines y conversaciones.
No la envilezcas llevándola,
trayéndola a menudo y exponiéndola
a la torpeza cotidiana
de las compañías y las relaciones,
hasta que llegue a ser pesada como una extraña.



Termópilas
Honor a aquellos que en sus vidas
se dieron por tarea el defender Termópilas.
Que del deber nunca se apartan;
justos y rectos en todas sus acciones,
pero también con piedad y clemencia;
generosos cuando son ricos, y cuando
son pobres, a su vez en lo pequeño generosos,
que ayudan igualmente en lo que pueden;
que siempre dicen la verdad,
aunque sin odio para los que mienten.
Y mayor honor les corresponde
cuando prevén (y muchos prevén)
que Efialtes ha de aparecer al fin,
y que finalmente los medos pasarán.







2/09/2015

Alejo Carpentier: El adjetivo...

Alejo Carpentier: El adjetivo y sus arrugas   

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Los adjetivos son las arrugas del estilo.Cuando se inscriben en la prosa, de modo natural, sin acudir al llamado de una costumbre, regresan a su universal depósito sin haber dejado mayores huellas en una página. Pero cuando se les hace volver a menudo, cuando se les confiere una importancia particular, cuando se les otorga dignidades y categorías, se hacen arrugas, arrugas que se ahondan cada vez más, hasta hacerse surcos anunciadores de decrepitud, para el estilo que los carga. Porque las ideas nunca envejecen, cuando son ideas verdaderas. Tampoco los sustantivos. Cuando el Dios del Génesis luego de poner luminarias en la haz del abismo, procede a la división de las aguas, este acto de dividir las aguas se hace imagen grandiosa mediante palabras concretas, que conservan todo su potencial poético desde que fueran pronunciadas por vez primera. Cuando Jeremías dice que ni puede el etíope mudar de piel, ni perder sus manchas el leopardo, acuña una de esas expresiones poético-proverbiales destinadas a viajar a través del tiempo, conservando la elocuencia de una idea concreta, servida por palabras concretas. Así el refrán, frase que expone una esencia de sabiduría popular de experiencia colectiva, elimina casi siempre el adjetivo de sus cláusulas: “Dime con quién andas…”, ” Tanto va el cántaro a la fuente…”, ” El muerto al hoyo…”, etcétera. Y es que, por instinto, quienes elaboran una materia verbal destinada a perdurar, desconfían del adjetivo, porque cada época tiene sus adjetivos perecederos, como tiene sus modas, sus faldas largas o cortas, sus chistes o leontinas.

El romanticismo, cuyos poetas amaban la desesperación -sincera o fingida- tuvo un riquísimo arsenal de adjetivos sugerentes, de cuanto fuera lúgubre, melancólico, sollozante, tormentoso, ululante, desolado, sombrío, medieval, crepuscular y funerario. Los simbolistas reunieron adjetivos evanescentes, grisáceos, aneblados, difusos, remotos, opalescentes, en tanto que los modernistas latinoamericanos los tuvieron helénicos, marmóreos, versallescos, ebúrneos, panidas, faunescos, samaritanos, pausados en sus giros, sollozantes en sus violonchelos, áureos en sus albas: de color absintio cuando de nepentes se trataba, mientras leve y aleve se mostraba el ala del leve abanico. Al principio de este siglo, cuando el ocultismo se puso de moda en París, Sar Paladán llenaba sus novelas de adjetivos que sugirieran lo mágico, lo caldeo, lo estelar y astral. Anatole France, en sus vidas de santos, usaba muy hábilmente la adjetivación de Jacobo de la Vorágine para darse “un tono de época”. Los surrealistas fueron geniales en hallar y remozar cuanto adjetivo pudiera prestarse a especulaciones poéticas sobre lo fantasmal, alucinante, misterioso, delirante, fortuito, convulsivo y onírico. En cuanto a los existencialistas de segunda mano, prefieren los purulentos e irritantes.

Así, los adjetivos se transforman, al cabo de muy poco tiempo, en el academismo de una tendencia literaria, de una generación. Tras de los inventores reales de una expresión, aparecen los que sólo captaron de ella las técnicas de matizar, colorear y sugerir: la tintorería del oficio. Y cuando hoy decimos que el estilo de tal autor de ayer nos resulta insoportable, no nos referimos al fondo, sino a los oropeles, lutos, amaneramientos y orfebrerías, de la adjetivación.

Y la verdad es que todos los grandes estilos se caracterizan por una suma parquedad en el uso del adjetivo. Y cuando se valen de él, usan los adjetivos más concretos, simples, directos, definidores de calidad, consistencia, estado, materia y ánimo, tan preferidos por quienes redactaron la Biblia, como por quien escribió el Quijote.
***
Fragmento del ensayo El adjetivo y sus arrugas (1980).

2/05/2015

POR ROBERTO ÁLVAREZ (AFORISMOS y CITAS)



DE ROBERTO ÁLVAREZ P.
 AFORISMOS  y CITAS 
De escritores amigos, todos los buenos escritores son amigos, que nos acompañan. Y algunos de mis aforismos

Escribo aforismos fragmentarios, por no escribir nada largo, y dar lugar a contradecirme, a disparatar con la fantasía, imaginación, la intuición.

 
Escribo Fragmentos de otros escritores ya que como dijo Borges el gran lector Nuestra Mente está llena de ellos.  No es triste envejecer, es un derecho y un triunfo sobre la muerte. 
Paga lo que debes, así confirmarás sin lugar a ninguna duda que no tienes nada.

 
A la idea de paz, siempre le despertamos sus genes bélicos. 
Bestialidad humana que está en toda lengua, raza, minoría y mayoría. 


Sociedades de escualos Tantalicos, que no falte en ellas el músico, el poeta y la soñolienta puta. 
Que el medico mueva su cabeza con desconsuelo Hipocrático, así me sentiré mejor. 


A mi muerte, no quiero lutos, ni remordimientos mayores, ni consuelos menores, sólo quiero abrir mi sepultura cantando.

 
No deseo más humedades que las de mis sudores, no deseo contemplar más que las arañitas de los techos, ellas me llenan mientras reaparecen fantasmales bandadas de parientes y amigos. 

Brindo siempre por placeres simples como acariciar mi perro, disfrutar la variedad del verde de la naturaleza, oír los canticos de las aves agradecidas de la migaja de pan o de fruta y de mil picadillo de pera, mango y papaya. 


Lamparillas de los Carnavales, mirándolas desde el suelo mejora la perspectiva del ego interior.

 
El Hombre no es nada más que una triste bestia, con el perdón de las bestias, ya que para subsistir, necesita potenciar: sus manos, su vista, su oído, sus pies.

 
No necesitamos contagiar nuestras angustias, miedos, depresiones, pues  somos un solo ser enfermo. 


Si escribes, escribe algo que sea  sabroso como la mujer, la fruta madura, el manjar del valle, el Ron o el cigarrillo. 


Los animales son inteligentes, sólo que su inteligencia no la emplean para hablar y decir estupideces o crear tecnologías destructivas y ser más bestias que nosotros.

 
El perro mira al hombre como preguntando incomodo: ¿Por qué quieres saber a dónde voy?, si, a ningún perro le importa,  y tu humano eres tan bizarro que lo preguntas.

 
Recordemos aquí “La muerte y la Muerte de Quincas Berro Dágua.” de Jorge Amado, porque cuando uno se muere se reintegra a su más alta dignidad y respetabilidad, no hay muerto malo. Su memoria debe brillar como un diamante; es cosa sagrada, no es algo para andar de boca en boca….al morir se vuelve a ser respetable.

 
Los muertos no reclaman máscaras, saben que no los queremos ver. 
La luna hace del mar un camino de plata.

 
“En lo íntimo de todo dolor hay un gran placer” Dostewesky 
La tragedia continúa cada vez que se devuelve el golpe.

 El temor desencadena la violencia, el dolor y la venganza, así se vive en el mundo, así vivimos en Colombia. 


“La música nos acerca al Absoluto, nos lleva a grandes cimas, pero nos deja caer en el vacío al cesar. Es inmaterial pero nos toca íntimamente. De aquel que no le gusta la música, mejor no digamos nada, porque no es nada y hay que desconfiar de él.”  E. Cioran. Conversaciones. 


La música que más me gusta es la clásica, pero también he sido ungido con el tango, Daniel Santos, alcohol y putas. 


El hombre es el único animal que busca a Dios…. “Su pecado original es ese profundo desgarramiento de dejar de ser un animal sin Dios:”…. Hombre tu pecado empieza por escindirte del animal. E. Cioran. Conversaciones 


 Mujer, Te tapo con semento y te dejo el albañil adentro. 


“La Naturaleza, buscando una fórmula que pudiera satisfacer a todo el mundo, escogió finalmente la muerte, la cual, como era de esperar, no ha satisfecho a nadie.” 

E. Cioran. “Ese Maldito Yo” 
¿Para qué nos agitamos tanto?...
Para volver a ser lo que éramos antes de ser. Ibíd. 

“La soledad es insoportable,a solas conmigo mismo, a solas con mis pensamientos. 

No sé cómo distraerlos, como atontarlos para que no me atormenten. Surge entonces la rabia ante la impotencia, y la agresividad es un pequeño paso que doy en ese estado.

Sentirse solo y estar solo no es lo mismo, pero en mi caso, sí, me siento solo aun cuando no estoy solo, pero lo siento mucho más cuando esa soledad es también física” E. Cioran. “Silogismos de Amargura” 


“¿Soy demasiado consciente de la realidad, y los demás viven en un sueño de idiotas del que no quieren despertar (cosa que no les reprocho), o yo soy el estúpido que cree ver demasiado, sin ver nada?Sea cual sea la respuesta, puedo, decir, que nunca he podido estar aquí y aun estando aquí, sólo pienso en cómo salir, sin hacer ruido, sin que se note mi ausencia, como si nunca hubiera estado. Y de esa manera, sentir la ilusión de no haber existido nunca.” Ibíd. 


“No soy sentimental ni miro desde arriba a hombres ni a mujeres de los que no me aparto.No soy más orgulloso que humilde….Me humilla quien humilla a los otros,Y nada se hace o dice que no recaiga en mí.
 

Fragmento de: “Canto a mí mismo”. Walt Whitman



NOTA:  El Maestro Roberto Álavarez, es miembro colaborador del Taller Meca. Con sus aportes (siempre tan valiosos), dan la buena factura a los diversos contenido que aqui se publican. 


Fabio Ciro